martes, 25 de diciembre de 2012

Serpiente del sueño (1978). Vonda N. McIntyre

Mi siguiente título en mi lista de novelas decepcionante es la obra más famosa de Vonda N. McIntyre. Un libro que recibió los mayores galardones del género (Premios Hugo y Nébula), reconocimientos que, para ser sincero, no termino de entender más que por el bajo nivel de las otras novelas finalistas (la cosecha de 1978 no fue particularmente fecunda para el género). Voy a intentar explicar por qué se trata en mi opinión de una lectura prescindible.

Basada en un relato de la misma autora ya galardonado con el Nébula en 1973, "Serpiente del sueño" narra el periplo de una sanadora (que se llama a sí misma Serpiente, pues utiliza animales alterados genéticamente para sus curaciones), por un escenario postapocalíptico desvastado, en el que apenas sobreviven muestras de la antigua ciencia. Un punto de partida interesante y adecuado a la expansión feminista que vivió el género a raíz de los éxitos cosechados por Ursula K. LeGuin en los primero 70, como lo evidencia que la mayoría de las figuras de autoridad que aparecen en las novelas son femeninas.

Por eso, sabedor de que ese enfoque feminista podía poner en riesgo el componente científico de la trama, durante los primeros capítulos esperé ávidamente la aportación de la ciencia a la novela. En vano, no existe: "Serpiente del sueño" es solamente una novela de ficción, con lo que para mí su inclusión en el género es más que cuestionable. Pero es que además a lo largo del libro ni siquiera pude establecer cuestiones tan elementales como el lugar de desarrollo, la época en la que acontecía, ni mucho menos una sinopsis que de manera más o menos satisfactoria explicara cómo se había llegado a la "situación actual". Este tipo de carencias pueden ser admisibles en un relato como el que dio origen a esta novela, pero no en una obra de esta extensión, puesto que así toda la narración se simplifica muchísimo y la profundidad de la trama se resiente. De hecho, al terminar la narración apenas somos conscientes de la existencia de unos alienígenas y de un pretérito cataclismo nuclear.

Así pues, conforme avanzaban los capítulos sin satisfacer estas cuestiones, me resigné a leer una novela de aventuras más o menos bien llevada. Pero ni eso. La trama es deslavazada, como lo prueba la existencia de abundantes personajes irrelevantes para la acción y de cabos sueltos (a modo de ejemplo: ¿cuál es la razón de ser de Gabriel o Jesse?). Además, en ningún momento se aprecia un objetivo claro en las peripecias de serpiente; las páginas se pasan por pura inercia, y ello conlleva que el desenlace deje indiferente.

Por otra parte, el estilo literario es un tanto irregular, a veces académico en exceso y otras innecesariamente vulgar. Y para terminar de rematar la situación, cuando termina la lectura el lector no encuentra una moraleja, una conclusión, ni tan siquiera una idea que le haya permitido reflexionar. Con lo cual estamos ante una novela que a duras penas cumple con su cometido de entretener, muy alejada por tanto de la literatura de ideas a la que supuestamente pertenece.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El hijo del hombre (1971). Robert Silverberg

Robert Silverberg es uno de mis escritores de ciencia-ficción favoritos. Y "El hijo del hombre" es uno de sus libros predilectos. Con estas premisas tenía grandes expectativas puestas en esta novela. Expectativas que cuando por fin me hice con ella se vieron completamente defraudadas. Más fantasía que ciencia-ficción, se trata de una novela menor dentro de su periodo de mayor fecundidad literaria, con sólo algunos momentos de brillantez.

No es la primera vez que admito en este blog mi escasa estima por la fantasía, que novelas como ésta refuerzan. El "todo vale" que a menudo preside esta obra provoca un continuo de situaciones que cristalizan y se desvanecen sin razón aparente, con un nocivo aire de banalidad, cuando no de absoluta imposibilidad. Los personajes son mayoritariamente insustanciales (en particular el grupo de deslizadores: Hanmer, Ninameen, Brill...) y casi nunca proporcionan al lector respuestas satisfactorias. De hecho, los diálogos transitan entre lo pretendidamente enigmático y lo incuestionablemente absurdo. Y si a este mediocre argamasa no le añadimos al menos un poco de acción, queda clara mi impresión final.

Y eso que el viaje iniciático-psicodélico que emprende Clay por diversos parajes de alto contenido metafórico debería constituir un pilar más que sólido para crear una novela de calidad. Pero aparte de la ya conocida habilidad narrativa de Silverberg, hay pocos aciertos. Posiblemente los dos dignos de mención sean las propuestas sobre la evolución humana a lo largo de los milenios (Respiradores, Devoradores, Esperadores, Destructores e Intercesores, hasta llegar a los todopoderosos Deslizadores), interesantes aunque sin apenas base científica, y el recorrido expiatorio del Hijo del Hombre por los lugares abstractos Hielo (con sus inagotables Destructores), Fuego, Pesado, Lento, Vacío y Oscuro, unas tribulaciones que consiguen espabilar durante unas páginas al apático lector.

En ocasiones tuve la impresión de la novela es poco menos que caótica a propósito. Porque si la analizamos objetivamente, veremos que hay nada menos que cinco ritos insertados a intervalos regulares (Abertura de la Tierra, Alzamiento del Mar, Afirmamiento de la Oscuridad, Relleno de los Valles y Moldeado del Cielo) lo que evidencia un armazón que podría pasar desapercibido. Y leyendo entre líneas podemos encontrar los probables objetivos de Silverberg al escribir esta obra: por una parte, el cuestionamiento y la relativización de los iconos y mitos culturales que veneramos en nuestro tiempo; y por otra, las reflexiones sobre el sentido de la vida y la muerte para los dos sexos: su transitoriedad, la relevancia de los sueños, la perdurabilidad de los objetos... En algunos momentos, parece que estemos ante un ensayo.

Desgraciademente, los abundantes defectos de la obra prevalecen a la hora de valorarla. Y es que además de los ya expuestos, incomodan las incontables e innecesarias referencias eróticas (erecciones, eyaculaciones, episodios y comentarios subidos de tono...), fatigan algunos capítulos (especialmente el 13, que desborda la capacidad de asimilación del lector, y el 25, metafórico hasta el absurdo), y decepciona el desenlace, pues Silverberg desaprovecha la visita de Clay al Pozo de las Primeras Cosas, asumiendo de manera un tanto fallida el dolor y la muerte de toda la humanidad, como el Hijo del Hombre de Galilea.

En suma, Silverberg tiene un montón de obras recomendables, pero ésta es sin duda una lectura prescindible.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Los ojos de Heisenberg (1966). Frank Herbert

En mi progresivo acercamiento al apasionante género de la ciencia-ficción, siempre he preferido bucear en los universos particulares de los escritores antes que limitarme a una sucesión de títulos más o menos inconexos. Por eso me llamaba la atención el caso de Frank Herbert: un escritor universalmente conocido (no en vano "Dune" (1965) es la novela de ciencia-ficción más leída de la historia, y uno de mis 15 títulos esenciales), que aparentemente no llegó a escribir nada más digno de mención. Y como me resulta difícil de aceptar la teoría de un escritor que escribe en una única ocasión por encima de sus posibilidades, hace unos años adquirí "Los Ojos de Heisenberg" (1966). Bueno, por eso pero también porque se publicó apenas un año después de Dune, es decir, en el supuesto cenit de su creatividad.

Que esta novela figure en mi lista de títulos decepcionantes no se debe al tema que trata: una interesante especulación sobre la manipulación genética de los seres humanos, que sin presentarse como ciencia-ficción hard, sí consigue que el componente científico se trate con un adecuado rigor. La humanidad (según nos la presenta Herbert) está gobernada por los Optimen (seres genéticamente perfectos, de gran longevidad, pero que no pueden sentir emociones fuertes ni procrear y que mantienen el control de la fertilidad de las clases medias mediante un gas anticonceptivo). Frente a ellos se encuentran los Cyborgs, que paulatinamente han ido sustituyendo sus partes humanas por implantes electrónicos, hasta convertirse en máquinas carentes de sentimientos. Y entre ambos, los humanos convencionales, a los que sólo ocasionalmente se conceden permisos de reproducción. Es el caso del matrimonio Durant.

Dividida en tres partes no explícitamente diferenciadas pero claramente distinguibles, Herbert nos muestra en la primera parte cómo los cirujanos encargados de modificar los embriones (Sveengard y Potter) se encuentran con que el embrión es un Optimen potencial. Y es precisamente aquí donde la novela empieza a flaquear: mientras que en la primera parte Potter lleva la voz cantante y Svengaard es un mero ayudante, en la segunda Sveengard se convierte en protagonista y Potter desaparece, haciendo que el lector se desoriente y no llegue a identificarse con ellos.

Esa sensación de alejamiento aumenta conforme avanzan los capítulos, haciendo que la lectura se haga más pesada y se pierda buena parte del interés. No hay un marco escénico convincente, muchos de los personajes son mero "cartón", no queda claro que exista una lógica narrativa. Además, el componente científico pasa gradualmente a un segundo plano y se sustituye por especulaciones en su mayoría ya conocidas sobre el futuro de una sociedad completamente vigilada y jerarquizada. Si bien es cierto que la tercera parte del libro (aproximadamente el último tercio del libro) resulta un poco más intensa e interesante, más porque el lector tenaz consigue adaptarse al irregular universo ideado por Herbert que porque la novela mejore realmente.

En suma, "Los ojos de Heisenberg" es poco más que una lista de promesas incumplidas, aliñada con algunos interesantes aspectos científicos y buenos detalles filosóficos más adecuados para un ensayo que para una novela. Así que no es de extrañar que su publicación no hiciera sombra alguna a la descollante "Dune".

domingo, 28 de octubre de 2012

El mundo sumergido (1962). J.G. Ballard

Mi siguiente título en la lista de novelas decepcionantes es "El mundo sumergido" de J.G. Ballard. Es una novela de su primera época, que se encuadra en su ciclo de novelas post-apolípticas. Ballard fue uno de los máximos exponentes de la New Wave, el movimiento que en cierta medida revolucionó la literatura de ciencia-ficción en los años 60. Ya hace tiempo reseñé una novela de dicho movimiento ("El mundo invertido") en mi lista de libros personalísimamente favoritos. Pero desgraciadamente la novela de Ballard no contiene apenas rastro de las virtudes de dicho movimiento, y sí muchos de sus principales defectos. Lo cual a mi modo de ver lastra la impresión final del lector.

Y el caso es que la idea de partida (el anegamiento en un futuro no muy lejano de buena parte de la superficie terrestre, y la adaptación a este entorno de los humanos supervivientes) es atrayente. Además, el tratamiento científico de esta catástrofe es razonablemente riguroso, y el comienzo nos muestra un elenco de personajes bien elegidos que se mueven en un entorno tan opresivo como fascinante. Pero en seguida el lector descubre que Ballard no parece particularmente interesado en aprovechar todos los elementos de los que dispone, sino que se limita a profundizar en el mundo interior neurótico de Robert Kerans, el biológo que Ballard escoge como protagonista absoluto.

Probablemente por este enfoque Ballard se ve obligado a ralentizar el ritmo de los acontecimientos. Además, las páginas empiezan a poblarse de las descripciones reiterativas de los paisajes anegados, abusando de símiles barrocos y una prosa un tanto cursi que termina por fatigar. La aparición de Strangman (el extravagante líder de un grupo de saqueadores), con su difícilmente aceptable carga de maldad, no contribuye a mejorar la situación, sino que incluso difumina el supuesto viaje iniciático interior del protagonista en aras de una innecesaria crueldad.

En el tramo final, ni la aparición supuestamente salvadora del coronel Riggs y sus hombres ni el desesperado viaje hacia el sur de Kerans sorprenden realmente al lector, sino que más bien hacen que éste se dé cuenta de que Ballard no ha aprovechado para visitar otros lugares distintos de Londres, ni otros grupos de personajes, ni siquiera para mostrarnos cómo se han organizado las distintas sociedades para afrontar semejante panorama. Si a esto le sumamos descripciones a menudo confusas y una traducción (a cargo de Francisco Abelenda) solamente mediocre, la sensación final que queda es la de una gran oportunidad perdida.

Debo señalar que antes de "El mundo sumergido" no había leído nada de Ballard, pero tras leerlo dudo que vuelva a leer otra obra suya, pues el género de la ciencia-ficción está lleno de novelas rebosantes de ideas ingeniosas bien aprovechadas, entre las que sin duda no se encuentra ésta.

sábado, 13 de octubre de 2012

Puerta al verano (1957). Robert A. Heinlein

Mi siguiente título en la lista de novelas de decepcionantes es una conocida obra de Robert A. Heinlein. No trato con esta reseña de crear una polémica injustificada: a pesar del tiempo transcurrido, Heinlein me sigue pareciendo uno de los autores fundamentales del género, como lo prueba que hace más de un año seleccionara "Amos de títeres" en mi lista de 15 títulos esenciales para conocer el género. Ahora bien, no todas sus obras rayan a la misma altura, y en mi opinión "Puerta al verano" es una novela mediocre, sostenida en esencia por la conocida habilidad narrativa de Heinlein y unas cuantas ideas brillantes (aunque a menudo confusas).

De hecho, su principal virtud ya la da por supuesta el conocedor de la obra de Heinlein: esa prosa personalísima que atrapa al lector con habilidad, plagada de guiños al lector, sarcasmos, metáforas irónicas y referencias sugerentes. Todo gira en torno a Danny B. Davis, el ingeniero protagonista, un personaje tan arquetípico de Heinlein como inverosímil: de haber existido alguien tan brillante como Danny, habría sido de lejos el inventor más relevante del pasado siglo XX. Y es que creaciones como "Muchacha de servicio" o "Dan Dibujante" habrían supuesto auténticas revoluciones. Pero como el impacto de dichas creaciones sobre la vida de Danny es tan sólo moderado, el efecto inmediato que es que sus acciones pierden relevancia a los ojos del lector. Tanto es así que cuesta comprender hacia dónde se dirige realmente la novela.

Asimismo, la lectura se ve dificultada tanto por la ausencia de descripciones que permitan visualizar físicamente lo relatado, como por el exceso de personajes secundarios, en su mayoría esquemáticos: Belle Darkin y su irrefrenable maldad, Ricky Heinicke y su inexplicable amor por Danny, el ambiguo Miles Gentry... Además, el efecto del viaje hacia atrás en el tiempo plantea las inevitables paradojas temporales, que en esta novela no están bien resueltas y provocan confusión en el lector. Por ejemplo, no queda claro cómo reparte finalmente Danny sus acciones en su segundo paso por el "presente" de 1970.

Tampoco me gusta el hecho de que Heinlein emplee nada menos que un tercio de la novela para poner en situación al lector sobre las creaciones de Danny y la posterior lucha por el control de su compañía. Ni la existencia de algunas referencias que quedan en el aire, como la Guerra de las Seis Semanas o la capitalidad de Denver. Hasta algunos detalles mínimos perjudican la impresión final: el hecho de que Pet (el gato) hable, o de que la traducción (al menos en la edición que leí yo) sea manifiestamente mejorable.

Obviamente, no todo son errores; también hay aciertos. Fundamentalmente, un puñado de ideas de hondo calado: la utilización por el gran público del Sueño Largo (la práctica criónica que les permite despertar varias décadas más tarde), la proliferación de compañías de seguros que se benefician de la parte lucrativa de este avance, su combinación con un experimental viaje en el tiempo que permite corregir situaciones "a posteriori", los retazos que muestra sobre la transformación de la sociedad en el año 2001, o los inconvenientes derivados de retornar a la vida tras un paréntesis de treinta años.

Otros aciertos menores son la propia concisión de la novela (menos de 200 páginas), la abundancia de buenas propuestas tecnológicas que, incluso con la lógica exageración especulativa no desdeñan el componente científico, el profundo conocimiento de Heinlein sobre los gatos, sus reacciones y sus relaciones con los seres humanos, o incluso la acertada premonición sobre el uso masivo de avances como los cajeros automáticos.

Resumiendo, el viaje en el tiempo es siempre un tema fascinante, pero las dificultades que plantea tratarlo de manera atrayente y las paradojas que genera requieren algo más que el talento como narrador para solventarlas. Incluso para el maestro Heinlein.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Más que humano (1953). Theodore Sturgeon

Mi siguiente título en mi lista de novelas de novelas decepcionantes es la obra más famosa de unos de los autores clásicos del género, Theodore Sturgeon. Y es que aunque su lectura me resultó agradable la mayor parte del tiempo, debo reconocer que este clásico de los 50 me decepcionó. Me temo que su problema es que no ha envejecido muy bien.

Al igual que sucedió en mi reseña anterior (Mutante, de Henry Kuttner), una de las características que más claramente nos previene de su antigüedad es la estructura en forma de fix-up: 3 relatos (El idiota fabuloso, El bebé tiene 3 años, Moral) autocontenidos, pero enlazados sólo parcialmente, y de desigual calidad. Un formato típico de la Edad de Oro de la Ciencia-Ficción. Y con personajes no menos típicos: el "idiota" Lone, la niña con capacidades telequinéticas Janie, los mellizos con capacidades de teleportación Bonnie y Beanie, el bebé mongoloide que todo lo predice, el pillo Gerry Thompson, el demente Hip Barrows... Un elenco de seres marginales sobre el que resulta muy complicado cimentar con un mínimo de rigor la teoría del Homo Gestalt, al que Sturgeon propone como siguiente paso en la evolución de la humanidad. Una idea cuestionable y con un cierto aire infantil, si bien algunos elementos de la misma (la asociación simbiótica de individuos o el recurso a un nuevo código moral (el etos)) sí me parecen interesantes.

Otro punto en contra de la novela es su prosa, con frecuencia demasiado metáforica para seguir nítidamente los acontecimientos. En general, la obra rezuma un aroma de fábula costumbrista y de sucesos insuficientemente justificados (alucinaciones incluidas), más propia de una novela juvenil de fantasía. Probablemente lo único positivo de este enfoque es que la relación de Lodd con sus protectores consigue despertar en algunos pasajes la emotividad del lector, algo poco habitual en un género habitualmente frío. Además de por su emotividad, la lectura se sostiene por la inesperada aparición de algunos elementos científicos (incluido un generador de antigravedad) o por los amenos incidentes que surgen a raíz del traslado de los miembros del heterogéneo grupo a la casa de Alice Kew.

Sin duda la segunda parte, que fue la que primero vio la luz como relato independiente, es la más floja. Centrada excesivamente en las sesiones psiquiátricas un tanto forzadas de Gerry Thompson con Stern, resulta bastante insulsa. Además, la repentina muerte del aparente protagonista, Lone, acaba por descolocar al lector. Sólo al final de la misma una serie de hechos, en esta oportunidad bien urdidos y correctamente descritos, justifican esta segunda parte y dan sentido a la existencia de una tercera.

Lo primero que sorprende de esta tercera parte es el repentino protagonismo de Hip Barrows (como compañero de Janie) cuando apenas se había aludido a él en la primera parte. Además, en estos últimos capítulos el comportamiento de algunos personajes se modifica sin la justificación suficiente (piénsese en Janie o en Gerry). Al menos, el final optimista deja un regusto agradable, en la tradición de Clifford D. Simak, pero a costa de tantos altibajos y defectos inesperados que probablemente la lectura de la misma no merezca la pena. A pesar de lo que opine David Pringle...

domingo, 16 de septiembre de 2012

Mutante (1953). Henry Kuttner

Comienzo mi lista de novelas decepcionantes con "Mutante", la obra más conocida del estadounidense Henry Kuttner. Que en realidad no es una novela, sino un fix-up de relatos cortos que tras haber sido publicados individualmente, fueron recopilados a causa de sus protagonistas comunes (unos humanos con poderes telepáticos nacidos después de la Gran Explosión) en 1953. Probablemente esta estructura en forma de relatos no del todo cohesionados afectara a mi impresión, pero a pesar de que durante décadas fue considerado poco menos que un hito en este campo, para mí su lectura fue decepcionante. Aunque con matices.

El comienzo no puede ser más desalentador para el lector: las primeras páginas del primer relato son enormemente confusas, de baja calidad literaria y has caóticas. Tanto, que cuesta un gran esfuerzo situarse en la narración. Si éste logra superar esta grave dificultad, se pondrán de manifiesto los graves defectos del libro: la superficialidad de los personajes, la premura con la que se tratan todos los temas expuestos, la existencia de demasiados aspectos poco menos que incomprensibles (los duelos, los Marginados, la Gran Explosión...). Pero, sobre todo (aunque afortunadamente no en todos los relatos) la ausencia de un auténtico hilo narrativo, suplentada por una serie de situaciones de interacción casi aleatoria.

No obstante, esta obra también ofrece algunos aspectos positivos. Y es que la estructura de fix-up probablemente sea la más idónea para ofrecer una evolución comprensible de la telepatía en el ser humano. A ello contribuye decisivamente el que los acontecimientos de cada relato formen parte integrante del siguiente. También debo reseñar algunas interesantes reflexiones sobre la problemática de los mutantes: su propia comunidad, su aislamiento de los "no Calvos" y las posibilidades que ofrece su mutación. Y valorar en su justa medida cierta visión sesgada y desconfiada de la sociedad del futuro.

Analizando individualmente cada relato también encontraremos notables diferencias. Si obviamos el tremendamente flojo primer relato, comprobaremos que el segundo remonta el vuelo al ofrecer una problemática incuestionable como es la eliminación de los tres paranoides. El tercero vuelve a ser en mi opinión deslabazado e inconexo. En el curto sigue habiendo lagunas. Pero es el quinto es el único que realmente responde a las expectativas, al olvidarse de complejas yuxtaposiciones de distintas situaciones y limitarse a un único hilo conductor con el suficiente interés. Aunque indudablemente ya es demasiado tarde para mejorar la impresión global del libro.

domingo, 26 de agosto de 2012

15 novelas decepcionantes

Hace unas semanas uno de mis amigos lectores de este blog me apuntaba que, probablemente a consecuencia de mi pasión por la literatura de la ciencia-ficción, en las distintas entradas de este blog siempre transmitía una visión excesivamente optimista del género. Como si no existieran novelas mediocres, cuando no decepcionantes.

Más tarde reflexioné sobre su comentario y llegué a la conclusión de que, así como hasta ahora he intentado compartir con mis lectores las que en mi humilde opinión son obras excelentes del género, era también recomendable desaconsejar (o al menos prevenir) contra otras novelas del género. Y es que el tiempo de ocio siempre escasea, y es recomendable emplearlo de la mejor manera posible.

Con lo cual lo que les presento ahora es una selección de novelas que a mí personalmente me decepcionaron. Dado que hasta ahora he optado por listas de 15 títulos, he decidido respetar dicha cifra en esta lista. Así que a continuación las enumero, en orden cronológico como siempre:

1. Mutante (1953). Henry Kuttner
2. Más que humano (1953). Thedore Sturgeon
3. Robert A. Heinlein (1957). Puerta al verano
4. El mundo sumergido (1962). J. G. Ballard
5. Los ojos de Heisenberg (1966). Frank Herbert
6. El hijo del hombre (1971). Robert Silverberg
7. Serpiente del sueño (1978). Vonda N. McIntyre
8. Radix (1981). A. A. Attanasio
9. Neuromante (1984). William Gibson
10. El final de la Tierra (1988). Frederik Pohl y Jack Williamson
11. La máquina diferencial (1990). William Gibson & Bruce Sterling
12. El trono de mundo anillo (1996). Larry Niven
13. El torreón del cosmonauta (2000). Ken MacLeod
14. Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge
15. Cielos reflejados (2008). David J. Williams

Supongo que a alguno de mis lectores les sorprenderá que varios de los escritores en esta lista ya han aparecido en mis listas de esenciales o de personalísimamente favoritos. Y es que, como dice el refrán, hasta el mejor escribano echa un borrón.

En las siguientes entradas las iré revisando una por una, explicando los motivos por los que me decepcionaron. Y como siempre, espero no ofender a nadie, que el arte de escribir es siempre complicado y digno de respeto.

sábado, 28 de julio de 2012

Más de 1.000 páginas vistas

La entrada de hoy es diferente, puesto que no trata de la ciencia-ficción, sino de este humilde blog. Y es que me parece que haber cruzado la frontera de las 1.000 páginas vistas es merecedor de una pequeña reseña. Debo reconocer que cuando hace tan sólo 12 meses me animé finalmente a compartir con los internautas una de mis pasiones (que no la única, pueden consultar mi perfil para descubrir otros blogs de otros tantos temas), no confiaba en absoluto en llegar a esta cifra apenas un año después, y menos aún cuando el blog trata de un ámbito tan minoritario como la ciencia-ficción.

Antes que nada, debo agradecer de antemano todas y cada una de las visitas. Mi especial agradecimiento a aquellos que han contribuido con sus comentarios, o que incluso han optado por seguir regularmente el blog. Espero poder seguir actualizándolo con regularidad, eso sí en la medida de mis posibilidades, puesto no deja de ser una afición al margen de mis obligaciones profesionales y familiares. Además, espero poder darle un enfoque más adecuado a los intereses y procedencia de mis lectores. De ahí surge la idea de revisar algunas estadísticas que he recogido.

En primer lugar, la estadística de páginas más visitadas. Que está encabezada por las cinco siguientes:

1) #5 La nube negra (1957). Fred Hoyle. 87 visitas.
2) #11 Huevo del dragón (1980). Robert L. Forward. 50 visitas.
3) Biblioteca de Ciencia Ficción Orbis. 40 visitas.
4) Mundo anillo (1970). Larry Niven. 34 visitas.
5) Viaje alucinante (1966). Isaac Asimov. 22 visitas.

Me enorgullece que la página más visitada sea precisamente la que dediqué a la reseña de mi novela de ciencia-ficción favorita, "La nube negra". Me alegra haber contribuido con mi granito de arena a la difusión y justa valoración de tan excepcional novela. También me alegra ver que la mejor obra de uno de mis escritores favoritos, Robert L. Forward, es la segunda más visitada. Por otra parte, me llama la atención que una revisión de una (excelente) colección que se publicó hace más de un cuarto de siglo sea la tercera más visitada. Y que la cuarta más visitada sea "Mundo anillo" me anima a escribir lo antes posible una reseña sobre las demás novelas que, aunque inferiores, forman parte de la saga del insigne Larry Niven. Por último, que el "Viaje alucinante" del Buen Doctor sea su entrada más leída me sugiere que dicha novela no recibe habitualmente por parte de los eruditos la suficiente atención dentro de su obra, una atención que desde mi punto de vista sí que merece.

Y en segundo lugar, la estadística de los países desde los que se han leído más entradas. Que está encabezada por los cinco siguientes:

1) España. 634 visitas.
2) Alemania. 93 visitas.
3) México. 64 visitas.
4) Estados Unidos. 43 visitas.
5) Rusia. 37 visitas.

Es lógico que la mayor parte de las visitas procedan de España, pues las obras y colecciones a las que hago referencia son españolas. Pero me ha sorprendido que más de un tercio de las visitas procedan de fuera de España. Eso me indica claramente que debo prestar más atención a lo que suceda más allá de los Pirineos, aunque obviamente sin convertir este blog en una página más de contenido y referencias anglosajonas, puesto que lo que del género llega a España es solamente una pequeña fracción. Pero quizá lo más llamativo de esta estadística sea que haya más de 100 visitas procedentes de países de lengua no ya no española, sino ni siquiera de raíces latinas. No sé si se debe al interés por el idioma español en Alemania o en Rusia, o que haya muchos españoles/hispanos expatriados en esos dos países, pero el caso es que este hecho me anima a incidir en la visión internacional del género.

En resumen, gracias a todos por la atención mostrada. Les prometo que para las próximas 1.000 visitas voy a intentar potenciar las reseñas de obras no tan bien cubiertas por los eruditos del género y al mismo tiempo a darle un carácter más internacional a mis opiniones y comentarios.

sábado, 21 de julio de 2012

¿Qué puede hacer el lector de ciencia-ficción para fomentar la difusión del género?

Pues sí, en esta entrada voy a tratar del proselitismo en la ciencia-ficción. Una actividad muy poco frecuente en este género literario, quizá menos que en cualquier otro. A veces pienso que al aficionado medio al género le gusta la sensación de disfrutar de un mundo fascinante pero al fin y al cabo minoritario, hasta cierto punto exclusivo. Pero para los que pensamos que la calidad de la ciencia-ficción de al menos el último medio siglo no tiene nada que envidiar a ningún otro género literario contemporáneo, el que la ciencia-ficción sea un gueto es algo que nos impide poder compartir nuestra afición favorita con la mayoría de la gente que nos rodea. Si queremos que esta situación cambie, debemos contribuir activamente a ello.

Empezando por una aclaración sobre el uso del término: la mayoría de las veces que se habla de ciencia-ficción en el lenguaje coloquial se alude a una situación tan utópica que ni siquiera en el escenario más favorable podría convertirse en realidad. Que es lo opuesto a lo que en mi opinión pretende mostrar la ciencia-ficción: una situación ficticia, es cierto, pero plausible y presentada con la mayor verosimilitud de que sea capaz el escritor, recurriendo para ello no sólo a la ayuda de las ciencias sino también a los límites que éstas marcan en su estado actual.

Siguiendo por el borrado de la imagen que el cine ha formado del género. Como con tantos otros ámbitos que han caído bajo su influencia, el cine ha trivializado la ciencia-ficción, la ha reducido a una visión casi infantil, apta para públicos de nivel cultural más bien bajo. Es cierto que hay honrosas excepciones, pero debemos reconocer que por lo general, cada vez que el cine adapta una obra de ciencia-ficción la simplifica, empobrece y a menudo limita a un puñado de efectos especiales tan impactantes como intrascendentes.

Y terminando por la notable influencia que, aunque desconocida para el gran público la ciencia-ficción ha tenido en diversos ámbitos: nuevos términos para el lenguaje científico, previsiones sobre la evolución del ser humano y, por supuesto, avances técnicos y tecnológicos que ya son realidad. Veamos algunos ejemplos.

Ejemplos de palabras interesantes que la ciencia-ficción ha proporcionado al lenguaje científico son: robótica, inventada por el legendario Isaac Asimov en su relato "¡Mentiroso!" de 1941 y que actualmente designa a toda una rama de la ciencia; ingeniería genética, inventada por Jack Williamson en su novela de ciencia ficción "Dragon’s Island", también de 1941, si bien la profesión de ingeniero genético no fue nombrada hasta poco tiempo desṕués por Poul Anderson; virus informático, analogía entre los virus biológicos y sus equivalentes hechos de bits, que se replicaban a si mismos en la historia "When Harlie Was One", publicada por Dave Gerrold en 1972; o gigante gaseoso, término creado por el infravalorado James Blish en una historia llamada "Solar Plexus".

Ejemplos de acertadas previsiones sobre la evolución del ser humano los tenemos en grandes clásicos del género: en "Dune" (la novela de ciencia-ficción más leída de todos los tiempos) Frank Herbert presentó una historia en la que la humanidad no sólo se había quedado sin petróleo, sino que con el derroche de los países desarrollados y la contaminación, el agua sería el producto alrededor del que giraría la economía mundial, y todo ello décadas antes de que se empezara a hablar de cambio climático; en "1984" George Orwell llevaba el totalitarismo a un extremo en que el gobierno que tiene un control tal sobre las personas que ha llegado a anular sus ganas de pensar, de hacerse preguntas y de querer liberarse de su yugo, un escenario que por desgracia se ha hecho realidad y aún persiste en regímenes comunistas y de países árabes de buena parte del mundo.

Y ejemplos de avances científicos y tecnológicos anticipados por la ciencia-ficción los tenemos por doquier: los láseres eran usados en pistolas y rifles de las historias de la ciencia-ficción anteriores a la Segunda Guerra Mundial, aunque en realidad el primer láser fue construido por Theodore Maiman en el año 1960; el teletransporte era usado por el protagonista del clásico "El mundo de los No-A", de A.E. Van Vogt, casi 60 años antes de que partículas elementales hayan sido teletransportadas en los laboratorios de física cuántica aprovechando el efecto denominado entrelazamiento; la clonación fue tratada con profusión por Aldous Huxley en su "Mundo feliz" de 1932, aunque para que el escocés Ian Wilmut clonaba el primer mamífero adulto (la oveja Dolly) aún faltaban 65 años; o la nanotecnología, tratada por Arthur C. Clarke en 1956 en "The Next Tenants" y que es actualmente una de las ramas de la investigación en la que más se está invirtiendo.

Son sólo ejemplos que ilustran que la ciencia-ficción no es sólo fantasía, entretenimiento o habilidad literaria, sino también una pequeña ventana por la que sus lectores pueden intuir una pequeña parte de la sociedad que, por la ineludible limitación temporal de la vida humana, nunca le estará dado vivir. Así que, si Vd., lector de ciencia-ficción, encuentra a alguien a quien le pueda interesar el futuro, ya sabe, sugiérale que se adentre en el género, aunque sea a través de mi humilde selección de 15 títulos esenciales.

martes, 10 de julio de 2012

La factoría de ideas: Solaris Ficción

Puesto que dediqué mi anterior entrada a la labor como editor de Miquel Barceló, me ha parecido oportuno dedicar mi nueva entrada a la que a mi modo de ver ha tomado el relevo de Nova como la mejor colección específica dedicada a la ciencia-ficción en España actualmente: "Solaris Ficción", de la Factoría de Ideas.

La editorial “La Factoría de Ideas” comenzó su actividad en 1993 de la mano de Juan Carlos Poujade y Miguel Ángel Álvarez. Comenzó publicando juegos de rol, pero en 1999 diversificó su oferta lanzando al mercado varias revistas temáticas dedicadas a la ciencia ficción, al cómic o al rol. Una de ellas fue Solaris, que anticipó el lanzamiento en el año 2000 de una colección específica dedicada a la ciencia-ficción. Desde ese momento hasta hoy se han publicado ya más de 160 títulos, todo un éxito para el género en nuestro país.

Los títulos de la colección se nutren principalmente de autores anglosajones que, lo queramos o no, son los que han dado forma al género en el último siglo. Y con buen criterio, mezcla en proporciones similares tanto novelas de actualidad como reediciones de clásicos. De ahí su éxito.

En cuanto a las novelas de actualidad, se ha convertido en la colección de referencia para encontrar las obras recientes de los autores anglosajones que mejor conjugan calidad con amenidad, como Robert C. Wilson o Stephen Baxter. También de otros autores más irregulares, polémicos o comerciales, pero indiscutiblemente populares, como Robert J. Sawyer, China Miéville o Ken MacLeod. Y las novelas más recientes de autores más veteranos que dieron lo mejor de sí mismos en la madurez, como Robert L. Forward, Charles Sheffield, Jack McDevitt, o incluso el decano Jack Williamson.

En cuanto a las reediciones de clásicos, la colección se ha convertido en un acertado vehículo para iniciar en el género a los profanos. Recuperando muchas de las mejores novelas de mitos como Larry Niven (la saga de "Mundo Anillo" y otras obras en solitario o en colaboración con Jerry Pournelle), Robert Silverberg (muchas de sus mejores novelas, desde "El libro de los cráneos" a "La Torre de Cristal"), Robert A. Heinlein (los 5 títulos que ilustran esta entrada) o Isaac Asimov (la serie de la Fundación y también "El fin de la eternidad"), pero también incluyendo obras de gran impacto de autores que nunca alcanzaron un reconocimiento tan masivo, tales como Norman Spinrad, Michael Bishop o Richard Matheson.

Completando el panorama, se incluyen curiosidades como un interesante ensayo, realizado por autores españoles, titulado "Las 100 mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX", o la recopilación "Horizontes lejanos", en la cual los mejores escritores vivos del momento escribían un relato enmarcado en sus sagas más emblemáticas.

Es cierto que la presencia de escritores españoles es muy minoritaria, pero a mi modo de ver eso es más un reflejo de la realidad creativa en nuestro país que un defecto evitable. A cambio, es indudable que las temáticas de la colección son de lo más variopinto, con escritores de prácticamente todos los subgéneros que ha alumbrado la ciencia-ficción, lo que la enriquece y revaloriza. Así, es de agradecer que no se rehúyan tendencias consideradas minoritarias como la space opera o la ciencia-ficción hard, que encuentran acomodo junto a las temáticas más contemporáneas de por ejemplo Iain M. Banks.

Reseñar, por último, una cuidada presentación, a medio camino entre la edición de lujo con tapa dura y la literatura de bolsillo, y con un tamaño de letra cómodo. Lástima que el precio de salida sea tan alto (en torno a los 20 euros) en esta época en que con nuestro eBook podemos acceder a un abanico mucho más amplio de novelas por un precio mucho menor (cuando no nulo). Pero bueno, a cambio todos los años podremos encontrar no menos de una docena de títulos que, a pesar de alguna debilidad no del todo justificada (Alastair Reynolds, Nick Sagan), por lo general nos pondran buena parte de lo mejor del género al alcance del lector en lengua española. Así que larga vida a esta estupenda colección.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

Translate