Hace unas semanas uno de mis amigos lectores de este blog me apuntaba que, probablemente a consecuencia de mi pasión por la literatura de la ciencia-ficción, en las distintas entradas de este blog siempre transmitía una visión excesivamente optimista del género. Como si no existieran novelas mediocres, cuando no decepcionantes.
Más tarde reflexioné sobre su comentario y llegué a la conclusión de que, así como hasta ahora he intentado compartir con mis lectores las que en mi humilde opinión son obras excelentes del género, era también recomendable desaconsejar (o al menos prevenir) contra otras novelas del género. Y es que el tiempo de ocio siempre escasea, y es recomendable emplearlo de la mejor manera posible.
Con lo cual lo que les presento ahora es una selección de novelas que a mí personalmente me decepcionaron. Dado que hasta ahora he optado por listas de 15 títulos, he decidido respetar dicha cifra en esta lista. Así que a continuación las enumero, en orden cronológico como siempre:
1. Mutante (1953). Henry Kuttner
2. Más que humano (1953). Thedore Sturgeon
3. Robert A. Heinlein (1957). Puerta al verano
4. El mundo sumergido (1962). J. G. Ballard
5. Los ojos de Heisenberg (1966). Frank Herbert
6. El hijo del hombre (1971). Robert Silverberg
7. Serpiente del sueño (1978). Vonda N. McIntyre
8. Radix (1981). A. A. Attanasio
9. Neuromante (1984). William Gibson
10. El final de la Tierra (1988). Frederik Pohl y Jack Williamson
11. La máquina diferencial (1990). William Gibson & Bruce Sterling
12. El trono de mundo anillo (1996). Larry Niven
13. El torreón del cosmonauta (2000). Ken MacLeod
14. Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge
15. Cielos reflejados (2008). David J. Williams
Supongo que a alguno de mis lectores les sorprenderá que varios de los escritores en esta lista ya han aparecido en mis listas de esenciales o de personalísimamente favoritos. Y es que, como dice el refrán, hasta el mejor escribano echa un borrón.
En las siguientes entradas las iré revisando una por una, explicando los motivos por los que me decepcionaron. Y como siempre, espero no ofender a nadie, que el arte de escribir es siempre complicado y digno de respeto.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
domingo, 26 de agosto de 2012
sábado, 28 de julio de 2012
Más de 1.000 páginas vistas
La entrada de hoy es diferente, puesto que no trata de la ciencia-ficción, sino de este humilde blog. Y es que me parece que haber cruzado la frontera de las 1.000 páginas vistas es merecedor de una pequeña reseña. Debo reconocer que cuando hace tan sólo 12 meses me animé finalmente a compartir con los internautas una de mis pasiones (que no la única, pueden consultar mi perfil para descubrir otros blogs de otros tantos temas), no confiaba en absoluto en llegar a esta cifra apenas un año después, y menos aún cuando el blog trata de un ámbito tan minoritario como la ciencia-ficción.
Antes que nada, debo agradecer de antemano todas y cada una de las visitas. Mi especial agradecimiento a aquellos que han contribuido con sus comentarios, o que incluso han optado por seguir regularmente el blog. Espero poder seguir actualizándolo con regularidad, eso sí en la medida de mis posibilidades, puesto no deja de ser una afición al margen de mis obligaciones profesionales y familiares. Además, espero poder darle un enfoque más adecuado a los intereses y procedencia de mis lectores. De ahí surge la idea de revisar algunas estadísticas que he recogido.
En primer lugar, la estadística de páginas más visitadas. Que está encabezada por las cinco siguientes:
1) #5 La nube negra (1957). Fred Hoyle. 87 visitas.
2) #11 Huevo del dragón (1980). Robert L. Forward. 50 visitas.
3) Biblioteca de Ciencia Ficción Orbis. 40 visitas.
4) Mundo anillo (1970). Larry Niven. 34 visitas.
5) Viaje alucinante (1966). Isaac Asimov. 22 visitas.
Me enorgullece que la página más visitada sea precisamente la que dediqué a la reseña de mi novela de ciencia-ficción favorita, "La nube negra". Me alegra haber contribuido con mi granito de arena a la difusión y justa valoración de tan excepcional novela. También me alegra ver que la mejor obra de uno de mis escritores favoritos, Robert L. Forward, es la segunda más visitada. Por otra parte, me llama la atención que una revisión de una (excelente) colección que se publicó hace más de un cuarto de siglo sea la tercera más visitada. Y que la cuarta más visitada sea "Mundo anillo" me anima a escribir lo antes posible una reseña sobre las demás novelas que, aunque inferiores, forman parte de la saga del insigne Larry Niven. Por último, que el "Viaje alucinante" del Buen Doctor sea su entrada más leída me sugiere que dicha novela no recibe habitualmente por parte de los eruditos la suficiente atención dentro de su obra, una atención que desde mi punto de vista sí que merece.
Y en segundo lugar, la estadística de los países desde los que se han leído más entradas. Que está encabezada por los cinco siguientes:
1) España. 634 visitas.
2) Alemania. 93 visitas.
3) México. 64 visitas.
4) Estados Unidos. 43 visitas.
5) Rusia. 37 visitas.
Es lógico que la mayor parte de las visitas procedan de España, pues las obras y colecciones a las que hago referencia son españolas. Pero me ha sorprendido que más de un tercio de las visitas procedan de fuera de España. Eso me indica claramente que debo prestar más atención a lo que suceda más allá de los Pirineos, aunque obviamente sin convertir este blog en una página más de contenido y referencias anglosajonas, puesto que lo que del género llega a España es solamente una pequeña fracción. Pero quizá lo más llamativo de esta estadística sea que haya más de 100 visitas procedentes de países de lengua no ya no española, sino ni siquiera de raíces latinas. No sé si se debe al interés por el idioma español en Alemania o en Rusia, o que haya muchos españoles/hispanos expatriados en esos dos países, pero el caso es que este hecho me anima a incidir en la visión internacional del género.
En resumen, gracias a todos por la atención mostrada. Les prometo que para las próximas 1.000 visitas voy a intentar potenciar las reseñas de obras no tan bien cubiertas por los eruditos del género y al mismo tiempo a darle un carácter más internacional a mis opiniones y comentarios.
Antes que nada, debo agradecer de antemano todas y cada una de las visitas. Mi especial agradecimiento a aquellos que han contribuido con sus comentarios, o que incluso han optado por seguir regularmente el blog. Espero poder seguir actualizándolo con regularidad, eso sí en la medida de mis posibilidades, puesto no deja de ser una afición al margen de mis obligaciones profesionales y familiares. Además, espero poder darle un enfoque más adecuado a los intereses y procedencia de mis lectores. De ahí surge la idea de revisar algunas estadísticas que he recogido.
En primer lugar, la estadística de páginas más visitadas. Que está encabezada por las cinco siguientes:
1) #5 La nube negra (1957). Fred Hoyle. 87 visitas.
2) #11 Huevo del dragón (1980). Robert L. Forward. 50 visitas.
3) Biblioteca de Ciencia Ficción Orbis. 40 visitas.
4) Mundo anillo (1970). Larry Niven. 34 visitas.
5) Viaje alucinante (1966). Isaac Asimov. 22 visitas.
Me enorgullece que la página más visitada sea precisamente la que dediqué a la reseña de mi novela de ciencia-ficción favorita, "La nube negra". Me alegra haber contribuido con mi granito de arena a la difusión y justa valoración de tan excepcional novela. También me alegra ver que la mejor obra de uno de mis escritores favoritos, Robert L. Forward, es la segunda más visitada. Por otra parte, me llama la atención que una revisión de una (excelente) colección que se publicó hace más de un cuarto de siglo sea la tercera más visitada. Y que la cuarta más visitada sea "Mundo anillo" me anima a escribir lo antes posible una reseña sobre las demás novelas que, aunque inferiores, forman parte de la saga del insigne Larry Niven. Por último, que el "Viaje alucinante" del Buen Doctor sea su entrada más leída me sugiere que dicha novela no recibe habitualmente por parte de los eruditos la suficiente atención dentro de su obra, una atención que desde mi punto de vista sí que merece.
Y en segundo lugar, la estadística de los países desde los que se han leído más entradas. Que está encabezada por los cinco siguientes:
1) España. 634 visitas.
2) Alemania. 93 visitas.
3) México. 64 visitas.
4) Estados Unidos. 43 visitas.
5) Rusia. 37 visitas.
Es lógico que la mayor parte de las visitas procedan de España, pues las obras y colecciones a las que hago referencia son españolas. Pero me ha sorprendido que más de un tercio de las visitas procedan de fuera de España. Eso me indica claramente que debo prestar más atención a lo que suceda más allá de los Pirineos, aunque obviamente sin convertir este blog en una página más de contenido y referencias anglosajonas, puesto que lo que del género llega a España es solamente una pequeña fracción. Pero quizá lo más llamativo de esta estadística sea que haya más de 100 visitas procedentes de países de lengua no ya no española, sino ni siquiera de raíces latinas. No sé si se debe al interés por el idioma español en Alemania o en Rusia, o que haya muchos españoles/hispanos expatriados en esos dos países, pero el caso es que este hecho me anima a incidir en la visión internacional del género.
En resumen, gracias a todos por la atención mostrada. Les prometo que para las próximas 1.000 visitas voy a intentar potenciar las reseñas de obras no tan bien cubiertas por los eruditos del género y al mismo tiempo a darle un carácter más internacional a mis opiniones y comentarios.
sábado, 21 de julio de 2012
¿Qué puede hacer el lector de ciencia-ficción para fomentar la difusión del género?
Pues sí, en esta entrada voy a tratar del proselitismo en la ciencia-ficción. Una actividad muy poco frecuente en este género literario, quizá menos que en cualquier otro. A veces pienso que al aficionado medio al género le gusta la sensación de disfrutar de un mundo fascinante pero al fin y al cabo minoritario, hasta cierto punto exclusivo. Pero para los que pensamos que la calidad de la ciencia-ficción de al menos el último medio siglo no tiene nada que envidiar a ningún otro género literario contemporáneo, el que la ciencia-ficción sea un gueto es algo que nos impide poder compartir nuestra afición favorita con la mayoría de la gente que nos rodea. Si queremos que esta situación cambie, debemos contribuir activamente a ello.
Empezando por una aclaración sobre el uso del término: la mayoría de las veces que se habla de ciencia-ficción en el lenguaje coloquial se alude a una situación tan utópica que ni siquiera en el escenario más favorable podría convertirse en realidad. Que es lo opuesto a lo que en mi opinión pretende mostrar la ciencia-ficción: una situación ficticia, es cierto, pero plausible y presentada con la mayor verosimilitud de que sea capaz el escritor, recurriendo para ello no sólo a la ayuda de las ciencias sino también a los límites que éstas marcan en su estado actual.
Siguiendo por el borrado de la imagen que el cine ha formado del género. Como con tantos otros ámbitos que han caído bajo su influencia, el cine ha trivializado la ciencia-ficción, la ha reducido a una visión casi infantil, apta para públicos de nivel cultural más bien bajo. Es cierto que hay honrosas excepciones, pero debemos reconocer que por lo general, cada vez que el cine adapta una obra de ciencia-ficción la simplifica, empobrece y a menudo limita a un puñado de efectos especiales tan impactantes como intrascendentes.
Y terminando por la notable influencia que, aunque desconocida para el gran público la ciencia-ficción ha tenido en diversos ámbitos: nuevos términos para el lenguaje científico, previsiones sobre la evolución del ser humano y, por supuesto, avances técnicos y tecnológicos que ya son realidad. Veamos algunos ejemplos.
Ejemplos de palabras interesantes que la ciencia-ficción ha proporcionado al lenguaje científico son: robótica, inventada por el legendario Isaac Asimov en su relato "¡Mentiroso!" de 1941 y que actualmente designa a toda una rama de la ciencia; ingeniería genética, inventada por Jack Williamson en su novela de ciencia ficción "Dragon’s Island", también de 1941, si bien la profesión de ingeniero genético no fue nombrada hasta poco tiempo desṕués por Poul Anderson; virus informático, analogía entre los virus biológicos y sus equivalentes hechos de bits, que se replicaban a si mismos en la historia "When Harlie Was One", publicada por Dave Gerrold en 1972; o gigante gaseoso, término creado por el infravalorado James Blish en una historia llamada "Solar Plexus".
Ejemplos de acertadas previsiones sobre la evolución del ser humano los tenemos en grandes clásicos del género: en "Dune" (la novela de ciencia-ficción más leída de todos los tiempos) Frank Herbert presentó una historia en la que la humanidad no sólo se había quedado sin petróleo, sino que con el derroche de los países desarrollados y la contaminación, el agua sería el producto alrededor del que giraría la economía mundial, y todo ello décadas antes de que se empezara a hablar de cambio climático; en "1984" George Orwell llevaba el totalitarismo a un extremo en que el gobierno que tiene un control tal sobre las personas que ha llegado a anular sus ganas de pensar, de hacerse preguntas y de querer liberarse de su yugo, un escenario que por desgracia se ha hecho realidad y aún persiste en regímenes comunistas y de países árabes de buena parte del mundo.
Y ejemplos de avances científicos y tecnológicos anticipados por la ciencia-ficción los tenemos por doquier: los láseres eran usados en pistolas y rifles de las historias de la ciencia-ficción anteriores a la Segunda Guerra Mundial, aunque en realidad el primer láser fue construido por Theodore Maiman en el año 1960; el teletransporte era usado por el protagonista del clásico "El mundo de los No-A", de A.E. Van Vogt, casi 60 años antes de que partículas elementales hayan sido teletransportadas en los laboratorios de física cuántica aprovechando el efecto denominado entrelazamiento; la clonación fue tratada con profusión por Aldous Huxley en su "Mundo feliz" de 1932, aunque para que el escocés Ian Wilmut clonaba el primer mamífero adulto (la oveja Dolly) aún faltaban 65 años; o la nanotecnología, tratada por Arthur C. Clarke en 1956 en "The Next Tenants" y que es actualmente una de las ramas de la investigación en la que más se está invirtiendo.
Son sólo ejemplos que ilustran que la ciencia-ficción no es sólo fantasía, entretenimiento o habilidad literaria, sino también una pequeña ventana por la que sus lectores pueden intuir una pequeña parte de la sociedad que, por la ineludible limitación temporal de la vida humana, nunca le estará dado vivir. Así que, si Vd., lector de ciencia-ficción, encuentra a alguien a quien le pueda interesar el futuro, ya sabe, sugiérale que se adentre en el género, aunque sea a través de mi humilde selección de 15 títulos esenciales.
Empezando por una aclaración sobre el uso del término: la mayoría de las veces que se habla de ciencia-ficción en el lenguaje coloquial se alude a una situación tan utópica que ni siquiera en el escenario más favorable podría convertirse en realidad. Que es lo opuesto a lo que en mi opinión pretende mostrar la ciencia-ficción: una situación ficticia, es cierto, pero plausible y presentada con la mayor verosimilitud de que sea capaz el escritor, recurriendo para ello no sólo a la ayuda de las ciencias sino también a los límites que éstas marcan en su estado actual.
Siguiendo por el borrado de la imagen que el cine ha formado del género. Como con tantos otros ámbitos que han caído bajo su influencia, el cine ha trivializado la ciencia-ficción, la ha reducido a una visión casi infantil, apta para públicos de nivel cultural más bien bajo. Es cierto que hay honrosas excepciones, pero debemos reconocer que por lo general, cada vez que el cine adapta una obra de ciencia-ficción la simplifica, empobrece y a menudo limita a un puñado de efectos especiales tan impactantes como intrascendentes.
Y terminando por la notable influencia que, aunque desconocida para el gran público la ciencia-ficción ha tenido en diversos ámbitos: nuevos términos para el lenguaje científico, previsiones sobre la evolución del ser humano y, por supuesto, avances técnicos y tecnológicos que ya son realidad. Veamos algunos ejemplos.
Ejemplos de palabras interesantes que la ciencia-ficción ha proporcionado al lenguaje científico son: robótica, inventada por el legendario Isaac Asimov en su relato "¡Mentiroso!" de 1941 y que actualmente designa a toda una rama de la ciencia; ingeniería genética, inventada por Jack Williamson en su novela de ciencia ficción "Dragon’s Island", también de 1941, si bien la profesión de ingeniero genético no fue nombrada hasta poco tiempo desṕués por Poul Anderson; virus informático, analogía entre los virus biológicos y sus equivalentes hechos de bits, que se replicaban a si mismos en la historia "When Harlie Was One", publicada por Dave Gerrold en 1972; o gigante gaseoso, término creado por el infravalorado James Blish en una historia llamada "Solar Plexus".
Ejemplos de acertadas previsiones sobre la evolución del ser humano los tenemos en grandes clásicos del género: en "Dune" (la novela de ciencia-ficción más leída de todos los tiempos) Frank Herbert presentó una historia en la que la humanidad no sólo se había quedado sin petróleo, sino que con el derroche de los países desarrollados y la contaminación, el agua sería el producto alrededor del que giraría la economía mundial, y todo ello décadas antes de que se empezara a hablar de cambio climático; en "1984" George Orwell llevaba el totalitarismo a un extremo en que el gobierno que tiene un control tal sobre las personas que ha llegado a anular sus ganas de pensar, de hacerse preguntas y de querer liberarse de su yugo, un escenario que por desgracia se ha hecho realidad y aún persiste en regímenes comunistas y de países árabes de buena parte del mundo.
Y ejemplos de avances científicos y tecnológicos anticipados por la ciencia-ficción los tenemos por doquier: los láseres eran usados en pistolas y rifles de las historias de la ciencia-ficción anteriores a la Segunda Guerra Mundial, aunque en realidad el primer láser fue construido por Theodore Maiman en el año 1960; el teletransporte era usado por el protagonista del clásico "El mundo de los No-A", de A.E. Van Vogt, casi 60 años antes de que partículas elementales hayan sido teletransportadas en los laboratorios de física cuántica aprovechando el efecto denominado entrelazamiento; la clonación fue tratada con profusión por Aldous Huxley en su "Mundo feliz" de 1932, aunque para que el escocés Ian Wilmut clonaba el primer mamífero adulto (la oveja Dolly) aún faltaban 65 años; o la nanotecnología, tratada por Arthur C. Clarke en 1956 en "The Next Tenants" y que es actualmente una de las ramas de la investigación en la que más se está invirtiendo.
Son sólo ejemplos que ilustran que la ciencia-ficción no es sólo fantasía, entretenimiento o habilidad literaria, sino también una pequeña ventana por la que sus lectores pueden intuir una pequeña parte de la sociedad que, por la ineludible limitación temporal de la vida humana, nunca le estará dado vivir. Así que, si Vd., lector de ciencia-ficción, encuentra a alguien a quien le pueda interesar el futuro, ya sabe, sugiérale que se adentre en el género, aunque sea a través de mi humilde selección de 15 títulos esenciales.
martes, 10 de julio de 2012
La factoría de ideas: Solaris Ficción
Puesto que dediqué mi anterior entrada a la labor como editor de Miquel Barceló, me ha parecido oportuno dedicar mi nueva entrada a la que a mi modo de ver ha tomado el relevo de Nova como la mejor colección específica dedicada a la ciencia-ficción en España actualmente: "Solaris Ficción", de la Factoría de Ideas.
La editorial “La Factoría de Ideas” comenzó su actividad en 1993 de la mano de Juan Carlos Poujade y Miguel Ángel Álvarez. Comenzó publicando juegos de rol, pero en 1999 diversificó su oferta lanzando al mercado varias revistas temáticas dedicadas a la ciencia ficción, al cómic o al rol. Una de ellas fue Solaris, que anticipó el lanzamiento en el año 2000 de una colección específica dedicada a la ciencia-ficción. Desde ese momento hasta hoy se han publicado ya más de 160 títulos, todo un éxito para el género en nuestro país.
Los títulos de la colección se nutren principalmente de autores anglosajones que, lo queramos o no, son los que han dado forma al género en el último siglo. Y con buen criterio, mezcla en proporciones similares tanto novelas de actualidad como reediciones de clásicos. De ahí su éxito.
En cuanto a las novelas de actualidad, se ha convertido en la colección de referencia para encontrar las obras recientes de los autores anglosajones que mejor conjugan calidad con amenidad, como Robert C. Wilson o Stephen Baxter. También de otros autores más irregulares, polémicos o comerciales, pero indiscutiblemente populares, como Robert J. Sawyer, China Miéville o Ken MacLeod. Y las novelas más recientes de autores más veteranos que dieron lo mejor de sí mismos en la madurez, como Robert L. Forward, Charles Sheffield, Jack McDevitt, o incluso el decano Jack Williamson.
En cuanto a las reediciones de clásicos, la colección se ha convertido en un acertado vehículo para iniciar en el género a los profanos. Recuperando muchas de las mejores novelas de mitos como Larry Niven (la saga de "Mundo Anillo" y otras obras en solitario o en colaboración con Jerry Pournelle), Robert Silverberg (muchas de sus mejores novelas, desde "El libro de los cráneos" a "La Torre de Cristal"), Robert A. Heinlein (los 5 títulos que ilustran esta entrada) o Isaac Asimov (la serie de la Fundación y también "El fin de la eternidad"), pero también incluyendo obras de gran impacto de autores que nunca alcanzaron un reconocimiento tan masivo, tales como Norman Spinrad, Michael Bishop o Richard Matheson.
Completando el panorama, se incluyen curiosidades como un interesante ensayo, realizado por autores españoles, titulado "Las 100 mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX", o la recopilación "Horizontes lejanos", en la cual los mejores escritores vivos del momento escribían un relato enmarcado en sus sagas más emblemáticas.
Es cierto que la presencia de escritores españoles es muy minoritaria, pero a mi modo de ver eso es más un reflejo de la realidad creativa en nuestro país que un defecto evitable. A cambio, es indudable que las temáticas de la colección son de lo más variopinto, con escritores de prácticamente todos los subgéneros que ha alumbrado la ciencia-ficción, lo que la enriquece y revaloriza. Así, es de agradecer que no se rehúyan tendencias consideradas minoritarias como la space opera o la ciencia-ficción hard, que encuentran acomodo junto a las temáticas más contemporáneas de por ejemplo Iain M. Banks.
Reseñar, por último, una cuidada presentación, a medio camino entre la edición de lujo con tapa dura y la literatura de bolsillo, y con un tamaño de letra cómodo. Lástima que el precio de salida sea tan alto (en torno a los 20 euros) en esta época en que con nuestro eBook podemos acceder a un abanico mucho más amplio de novelas por un precio mucho menor (cuando no nulo). Pero bueno, a cambio todos los años podremos encontrar no menos de una docena de títulos que, a pesar de alguna debilidad no del todo justificada (Alastair Reynolds, Nick Sagan), por lo general nos pondran buena parte de lo mejor del género al alcance del lector en lengua española. Así que larga vida a esta estupenda colección.
La editorial “La Factoría de Ideas” comenzó su actividad en 1993 de la mano de Juan Carlos Poujade y Miguel Ángel Álvarez. Comenzó publicando juegos de rol, pero en 1999 diversificó su oferta lanzando al mercado varias revistas temáticas dedicadas a la ciencia ficción, al cómic o al rol. Una de ellas fue Solaris, que anticipó el lanzamiento en el año 2000 de una colección específica dedicada a la ciencia-ficción. Desde ese momento hasta hoy se han publicado ya más de 160 títulos, todo un éxito para el género en nuestro país.
Los títulos de la colección se nutren principalmente de autores anglosajones que, lo queramos o no, son los que han dado forma al género en el último siglo. Y con buen criterio, mezcla en proporciones similares tanto novelas de actualidad como reediciones de clásicos. De ahí su éxito.
En cuanto a las novelas de actualidad, se ha convertido en la colección de referencia para encontrar las obras recientes de los autores anglosajones que mejor conjugan calidad con amenidad, como Robert C. Wilson o Stephen Baxter. También de otros autores más irregulares, polémicos o comerciales, pero indiscutiblemente populares, como Robert J. Sawyer, China Miéville o Ken MacLeod. Y las novelas más recientes de autores más veteranos que dieron lo mejor de sí mismos en la madurez, como Robert L. Forward, Charles Sheffield, Jack McDevitt, o incluso el decano Jack Williamson.
En cuanto a las reediciones de clásicos, la colección se ha convertido en un acertado vehículo para iniciar en el género a los profanos. Recuperando muchas de las mejores novelas de mitos como Larry Niven (la saga de "Mundo Anillo" y otras obras en solitario o en colaboración con Jerry Pournelle), Robert Silverberg (muchas de sus mejores novelas, desde "El libro de los cráneos" a "La Torre de Cristal"), Robert A. Heinlein (los 5 títulos que ilustran esta entrada) o Isaac Asimov (la serie de la Fundación y también "El fin de la eternidad"), pero también incluyendo obras de gran impacto de autores que nunca alcanzaron un reconocimiento tan masivo, tales como Norman Spinrad, Michael Bishop o Richard Matheson.
Completando el panorama, se incluyen curiosidades como un interesante ensayo, realizado por autores españoles, titulado "Las 100 mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX", o la recopilación "Horizontes lejanos", en la cual los mejores escritores vivos del momento escribían un relato enmarcado en sus sagas más emblemáticas.
Es cierto que la presencia de escritores españoles es muy minoritaria, pero a mi modo de ver eso es más un reflejo de la realidad creativa en nuestro país que un defecto evitable. A cambio, es indudable que las temáticas de la colección son de lo más variopinto, con escritores de prácticamente todos los subgéneros que ha alumbrado la ciencia-ficción, lo que la enriquece y revaloriza. Así, es de agradecer que no se rehúyan tendencias consideradas minoritarias como la space opera o la ciencia-ficción hard, que encuentran acomodo junto a las temáticas más contemporáneas de por ejemplo Iain M. Banks.
Reseñar, por último, una cuidada presentación, a medio camino entre la edición de lujo con tapa dura y la literatura de bolsillo, y con un tamaño de letra cómodo. Lástima que el precio de salida sea tan alto (en torno a los 20 euros) en esta época en que con nuestro eBook podemos acceder a un abanico mucho más amplio de novelas por un precio mucho menor (cuando no nulo). Pero bueno, a cambio todos los años podremos encontrar no menos de una docena de títulos que, a pesar de alguna debilidad no del todo justificada (Alastair Reynolds, Nick Sagan), por lo general nos pondran buena parte de lo mejor del género al alcance del lector en lengua española. Así que larga vida a esta estupenda colección.
sábado, 30 de junio de 2012
Miquel Barceló (No confundar con el artista, por favor)
Pues sí, no me refiero al controvertido pintor Mallorquí, sino al Miquel Barceló especializado en el género de la ciencia ficción en sus múltiples facetas de editor, traductor y escritor (por orden de importancia). Es la primera entrada que dedico en este blog a una persona nacida en España, pero considero que está totalmente justificada, pues en mi humilde opinión es la figura que de manera más decisiva ha contribuido a la difusión de la ciencia-ficción en nuestro país, y por ende, en toda hispanoamérica.
Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y diplomado en Ingeniería Nuclear por la Junta de Energía Nuclear de Madrid, Barceló incorporó estos vastos conocimientos técnicos y científicos de primer nivel a su afición por la literatura, convirtiéndose con los años en todo un experto en lo que él gusta en denominar el "guetto" de la ciencia-ficción. Hasta el extremo que fue el primer miembro español de la SFWA (Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia-Ficción). Pero lo que realmente le ha granjeado el reconocimiento de esta entrada ha sido su constante labor como editor.
En los primeros tiempos, del extinto fanzine "Kandama", en el que ya empezó a incorporar al género enfoques no vistos hasta entonces en nuestro país. Pero sobre todo a partir de su labor en ediciones B, donde ha dirigido durante muchos años la colección NOVA-ciencia ficción, especializada en relatos y novelas de ciencia-ficción. Aparte de prologar los libros que edita en esta colección con un artículo introductorio francamente interesante, su verdadera relevancia se explica gracias a la selección de títulos editados. De hecho, varios títulos de mi lista de 15 títulos imprescindibles para entender el género ("La nube negra" de Fred Hoyle, "Huevo del dragón" de Robert L. Forward, "Las torres del olvido" de George Turner) habían permanecido inéditos en español hasta que él, con gran acierto, se animó a hacerlo. Además, fue el introductor de otros nombres del género que, sin tener tan alta calidad como los citados, sí que se han convertido en autenticos best-sellers en España (Orson Scott Card, George R.R. Martin).
De hecho, el éxito continuado de Barceló como editor le permitió instaurar los que durante muchos años fueron los galardones de ciencia-ficción más relevantes en España: los Premios UPC (Universidad Politécnica de Cataluña). Que no sólo reconocieron a autores españoles, sino que gracias a su difusión y prestigio recibieron y premieron obras originales de escritores contemporáneos de primer nivel, como Robert J. Sawyer.
Pero si debemos quedarnos con un único hito en su trayectoria, ese es sin duda su ensayo "Ciencia Ficción. Guía de lectura". Publicado en 1990, es para el lector español la auténtica obra de referencia del género: centrada solamente en las colecciones patrias, en los libros del género que pueden encontrarse en nuestras librerías, y añadiendo a su exhaustivo recorrido por los escritores internacionales una buena revisión de los escritores españoles, es sin ningún género de dudas un libro imprescindible para todos los aficionados al género de habla hispana.
Tuve la suerte de que ese libro cayera en mis manos coincidiendo con mi mayoría de edad, y el abanico de corrientes, autores, subgéneros, pubicaciones, estilos y un largo etcétera fue de tal calibre que, a pesar de los años transcurridos, aún recurro a ella a menudo para contrastar impresiones o zambullirme en nuevos universos. Y además, me convenció de una idea que ya llevaba tiempo madurando en su interior: las grandes obras de ciencia-ficción no tienen nada que envidiar, literariamente hablando, a las grandes obras de la literatura generalista (mainstream), y su marginación no se justifica por cuestiones de calidad sino de falta de preparación científica y técnica del público generalista para su disfrute. Lástima que no haya sido actualizada desde su publicación, pues todo lo que ha ocurrido en el género en los últimos 22 años queda fuera de su alcance.
Me dirán sus detractores que en ocasiones Barceló deja traslucir en exceso unos gustos un tanto peculiares (por ejemplo, A.A. Attanasio), que con frecuencia critica ácidamente novelas por el mero hecho de ser "de derechas" (olvidando que la ciencia-ficción es el ámbito ideal para que escritores de cualquier espectro político usen sus creaciones para intentar defender sus ideas), o que conforme han transcurrido los años sus colecciones han reducido su encomiable amplitud de miras inicial a un puñado de escritores de menos unánime reconocimiento (Neil Stephenson, Vernor Vinge, el mismo Card).
Todo eso es cierto a mi modo de ver, pero ello no empaña su constante esfuerzo en la promoción del género. Por lo cual en 1996 la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción le concedió con todo merecimiento el Premio Gabriel A la labor de una vida.
Por último, debo mencionar que no he tenido la oportunidad de leer nada de su producción literaria (constituidad esencialmente por un puñado de novelas cortas), por lo cual no puedo valorar sus méritos como escritor. Pero en cualquier caso con sus méritos como editor ya ha logrado un puesto de privilegio en mi pasión por el género.
Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y diplomado en Ingeniería Nuclear por la Junta de Energía Nuclear de Madrid, Barceló incorporó estos vastos conocimientos técnicos y científicos de primer nivel a su afición por la literatura, convirtiéndose con los años en todo un experto en lo que él gusta en denominar el "guetto" de la ciencia-ficción. Hasta el extremo que fue el primer miembro español de la SFWA (Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia-Ficción). Pero lo que realmente le ha granjeado el reconocimiento de esta entrada ha sido su constante labor como editor.
En los primeros tiempos, del extinto fanzine "Kandama", en el que ya empezó a incorporar al género enfoques no vistos hasta entonces en nuestro país. Pero sobre todo a partir de su labor en ediciones B, donde ha dirigido durante muchos años la colección NOVA-ciencia ficción, especializada en relatos y novelas de ciencia-ficción. Aparte de prologar los libros que edita en esta colección con un artículo introductorio francamente interesante, su verdadera relevancia se explica gracias a la selección de títulos editados. De hecho, varios títulos de mi lista de 15 títulos imprescindibles para entender el género ("La nube negra" de Fred Hoyle, "Huevo del dragón" de Robert L. Forward, "Las torres del olvido" de George Turner) habían permanecido inéditos en español hasta que él, con gran acierto, se animó a hacerlo. Además, fue el introductor de otros nombres del género que, sin tener tan alta calidad como los citados, sí que se han convertido en autenticos best-sellers en España (Orson Scott Card, George R.R. Martin).
De hecho, el éxito continuado de Barceló como editor le permitió instaurar los que durante muchos años fueron los galardones de ciencia-ficción más relevantes en España: los Premios UPC (Universidad Politécnica de Cataluña). Que no sólo reconocieron a autores españoles, sino que gracias a su difusión y prestigio recibieron y premieron obras originales de escritores contemporáneos de primer nivel, como Robert J. Sawyer.
Pero si debemos quedarnos con un único hito en su trayectoria, ese es sin duda su ensayo "Ciencia Ficción. Guía de lectura". Publicado en 1990, es para el lector español la auténtica obra de referencia del género: centrada solamente en las colecciones patrias, en los libros del género que pueden encontrarse en nuestras librerías, y añadiendo a su exhaustivo recorrido por los escritores internacionales una buena revisión de los escritores españoles, es sin ningún género de dudas un libro imprescindible para todos los aficionados al género de habla hispana.
Tuve la suerte de que ese libro cayera en mis manos coincidiendo con mi mayoría de edad, y el abanico de corrientes, autores, subgéneros, pubicaciones, estilos y un largo etcétera fue de tal calibre que, a pesar de los años transcurridos, aún recurro a ella a menudo para contrastar impresiones o zambullirme en nuevos universos. Y además, me convenció de una idea que ya llevaba tiempo madurando en su interior: las grandes obras de ciencia-ficción no tienen nada que envidiar, literariamente hablando, a las grandes obras de la literatura generalista (mainstream), y su marginación no se justifica por cuestiones de calidad sino de falta de preparación científica y técnica del público generalista para su disfrute. Lástima que no haya sido actualizada desde su publicación, pues todo lo que ha ocurrido en el género en los últimos 22 años queda fuera de su alcance.
Me dirán sus detractores que en ocasiones Barceló deja traslucir en exceso unos gustos un tanto peculiares (por ejemplo, A.A. Attanasio), que con frecuencia critica ácidamente novelas por el mero hecho de ser "de derechas" (olvidando que la ciencia-ficción es el ámbito ideal para que escritores de cualquier espectro político usen sus creaciones para intentar defender sus ideas), o que conforme han transcurrido los años sus colecciones han reducido su encomiable amplitud de miras inicial a un puñado de escritores de menos unánime reconocimiento (Neil Stephenson, Vernor Vinge, el mismo Card).
Todo eso es cierto a mi modo de ver, pero ello no empaña su constante esfuerzo en la promoción del género. Por lo cual en 1996 la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción le concedió con todo merecimiento el Premio Gabriel A la labor de una vida.
Por último, debo mencionar que no he tenido la oportunidad de leer nada de su producción literaria (constituidad esencialmente por un puñado de novelas cortas), por lo cual no puedo valorar sus méritos como escritor. Pero en cualquier caso con sus méritos como editor ya ha logrado un puesto de privilegio en mi pasión por el género.
domingo, 17 de junio de 2012
La odisea del mañana (1997). Charles Sheffield
Charles Sheffield fue durante las décadas de los 80 y 90 uno de los grandes nombres del género, junto con David Brin, Orson Scott Card, Dan Simmons y alguno más (incluyendo a su propia esposa, Nancy Kress). La mayor parte de su producción comparte los mismos rasgos de aquellos: son novelas correctas, literariamente actuales, bien caracterizadas, científicamente respetuosas y, sin embargo, escasas de ese aspecto esencial en la mejor ciencia-ficción: el sentido de la maravilla. Sin embargo, después de haber leído prácticamente toda su obra en español, puedo afirmar que "La odisea del mañana" (o mejor "Tomorrow and tomorrow", un título más ajustado a lo narrado) no adolece de dicho defecto y es, de largo, su mejor novela.Sheffield parte de un argumento relativamente sencillo: Drake Merlin, músico de talento, observa impotente cómo su esposa Ana se está muriendo por culpa de una extraña enfermedad incurable, hasta que urde un plan consistente en congelar a su mujer justo antes de su muerte, y diez años después, convertido ya en uno de los grandes expertos en la música de su tiempo, congelarse él también. Su esperanza es que en el futuro alguien se sienta intrigado por sus conocimientos musicales hasta el extremo de despertarlo, dándole así la oportunidad de hacer él lo mismo con su esposa Ana, y quizá curar su enfermedad. Evidentemente el interés por su obra 500 años después existe, y Drake es despertado. A partir de ese punto, Sheffield teje una trama de proporciones universales, y la va enriqueciendo con toda suerte de detalles e ideas inteligentes.
Y es que la novela abarca desde el siglo XXI hasta el final del universo, pero conservando la unidad narrativa y dándole al lector un punto de referencia sencillo y comprensible para facilitarle el disfrute de lo narrado: el amor de Drake por Ana. Referencia que le permite presentar los distintos acontecimientos de manera lógica, siempre con inteligencia, buscando en la medida de lo posible la verosimilitud y con una dosis inesperada de acción y aventura en diversos pasajes. A diferencia de lo habitual en novelas que cubren un tema tan escabroso como la crionización y posterior retorno a la vida, Sheffield no rehúye las posibilidades del asunto, dando saltos temporales cada vez más largos (32.000 años, 14 millones de años), a través de los cuales muestra una ambiciosa y disfrutable panorámica del futuro: las representaciones virtuales de la realidad, los recorridos por el espacio conocido, los mecanismos de viaje interestelar e incluso las modificaciones sociales que se describen son ciertamente interesantes.
Como era de esperar, el tratamiento científico de la crionización es riguroso, prolijo en detalles y capaz de evolucionar plausiblemente en épocas futuras (como lo prueban conceptos como la descarga electrónica de la personalidad en un nuevo cuerpo, las múltiples duplicaciones de Drake como medio para alcanzar la inmortalidad, o su aún más impactate encarnación en distintas formas físicas para su adaptación y superviviencia en distintos y atrayentes mundos alienígenas como Graybill y Lukoris). Por otra parte, para cubrir tan inmenso marco temporal e incluir la creacción/destrucción del universo, Sheffield recurre a la Teoría del Punto Omega (el denominado escatón), que más allá de las dificultades teóricas que pueda plantear, le posibilita a Sheffield una forma plausible de cerrar el círculo de su creación. Y por supuesto insertarlo elegantemente en el marco de sus profundos conocimientos astronómicos, a los que incorpora el para él imprescindible concepto de cesura (esto es, un espacio en el que todo objeto que entra en ella es eyectado a otro universo).
Otros aciertos que no deseo pasar por alto son el estilo directo, el sorprendente ritmo de los acontecimientos, la concisión de la novela para la riqueza de lo narrado (menos de 350 páginas), la caracterización psicológica del protagonista, la cautivadora sensación que genera en el lector al explorar alguno de los lugares visitados (al estilo de "La ciudad y las estrellas", de Arthur C. Clarke), las reflexiones de hondo calado, o el gratificante tono optimista respecto al futuro de la humanidad en la galaxia.
El principal defecto de la novela es precisamente la historia de amor: por momentos la obsesión por salvar a Ana se vuelve tan repetitiva que la lectura puede llegar a ser en cierta medida frustrante. De hecho, puntualmente el amor queda reducido a una parodia de sí mismo, pues cuesta creer que sea tan intenso como para soportar tantos avatares en el espacio y el tiempo. Además, hacia la mitad de la novela Sheffield empieza a tocar conceptos y visiones de difícil aprehensión, lo que puede asustar a ciertos lectores. Y un detalle menor: el título de los capítulos es siempre una frase, que por desgracia a menudo revela más de la cuenta. No obstante, ninguno de estos peros afecta esencialmente al disfrute de una novela brillante, que injustamente no recogió ningún gran premio pero que creo que dejará un buen recuerdo en todo aquel que se anime a leerla.
lunes, 11 de junio de 2012
Hijo del tiempo (1992). Isaac Asimov y Robert Silverberg
Ya he presentado en esta misma sección una novela de Robert Silverberg, "Las máscaras del tiempo". Ahora bien, como ya expliqué en esta misma seccción cuando les presenté "Homo Plus", para mí una asociación de dos escritores es una entidad independiente de cada uno de ellos por separado; de ahí la inclusión en esta lista.
En realidad la historia de esta novela comprende dos etapas claramente diferenciadas: la primera, cuando en el año 1958 Asimov "The ugly little boy", en palabras del propio Asimov uno de los mejores relatos de su carrera. Y la segunda, cuando en el año 1989 al editor Martin H. Greenberg. amigo común de Asimov y Silverberg, se le ocurrió la idea de novelizar los tres relatos más emblemáticos de la bibliografía del Buen Doctor (los otros dos serían "Anochecer" y "El robot humano", cuyo resultado a mi modo de ver es inferior al de la novela que les presento). Silverberg, profesional incansable y gran admirador de Asimov, aceptó el encargo encantado. Según cuenta el propio Asimov en sus Memorias, Silverberg tendría libertad para novelizar este relato, con tres únicas condiciones, por otra parte siempre presentes en la obra de Asimov: "ni sexo gratuito, ni violencia innecesaria, ni lenguaje vulgar". Así, cuando Silverberg le presentó la sinopsis, Asimov la aceptó sin ningún reparo.
Por consiguiente esta novela conjuga el clasicismo y la inteligencia de Asimov con la calidad narrativa y la habilidad en la caracterización de los personajes de Silverberg. Ambientada a finales del s. XX, la trama narra cómo la vida de la enfermera Edith Fellowes se verá profundamente alterada por la irrupción en su vida de un niño... de 40.000 años de edad. Timmie, o Rostro de Fuego Celestial, es el protagonista absoluto de la novela: un niño neanderthal que iba a ser sacrificado en su tiempo y que en el siglo XX, bajo los atentos cuidados de Edith, desarrollará unas capacidades completamente inusuales, y un emotivo vínculo afectivo con su cuidadora. Lo que como puede imaginarse origina una serie de problemas considerables en la sociedad actual, y en la que ambos autores denuncian abiertamente y con criterio la notoria falta de empatía de nuestro mundo por todo aquello que nos resulte diferente.
Silverberg exhibe su habilidad narrativa habitual, pues no sólo estructura la línea de acción principal en capítulos divididos en epígrafes numerados del mismo modo que el Asimov de los años 80, sino que inserta habilmente unos denominados intercapítulos en los cuales desvela con una vividez fascinante la época en la que el homo de neanderthal y el homo sapiens buscaban la supremacía entre las crituras de la tierra. Con detalles tales como unos nombres realmente acertados (Humo Rojo del Amanecer, Nube de Plata...). Y mediante un estilo directo y sin contemplaciones hace que las páginas se devoren con verdadera avidez.
Eso sí, debo aclarar que no se trata de una novela espectacular, que presente complicadas estructuras sociales o aventuras que afecten a toda la humanidad. Y que para aquel lector que conozca con detalle el relato de Asimov la novela puede resultar anodina por ser quizá demasiado respetuosa con el original. Pero a cambio supera con éxito muchos de los problemas habituales en la ciencia-ficción: la falta de humanidad y de calor de los personajes, la coherencia argumental a pesar de recurrir al viaje en el tiempo, la solidez... En suma, y a pesar de que para muchos críticos ambos autores estaban en el declive sus carreras cuando apareció esta novela, para mí es una obra completamente recomendable, y una colaboración inusualmente fructífera.
En realidad la historia de esta novela comprende dos etapas claramente diferenciadas: la primera, cuando en el año 1958 Asimov "The ugly little boy", en palabras del propio Asimov uno de los mejores relatos de su carrera. Y la segunda, cuando en el año 1989 al editor Martin H. Greenberg. amigo común de Asimov y Silverberg, se le ocurrió la idea de novelizar los tres relatos más emblemáticos de la bibliografía del Buen Doctor (los otros dos serían "Anochecer" y "El robot humano", cuyo resultado a mi modo de ver es inferior al de la novela que les presento). Silverberg, profesional incansable y gran admirador de Asimov, aceptó el encargo encantado. Según cuenta el propio Asimov en sus Memorias, Silverberg tendría libertad para novelizar este relato, con tres únicas condiciones, por otra parte siempre presentes en la obra de Asimov: "ni sexo gratuito, ni violencia innecesaria, ni lenguaje vulgar". Así, cuando Silverberg le presentó la sinopsis, Asimov la aceptó sin ningún reparo.
Por consiguiente esta novela conjuga el clasicismo y la inteligencia de Asimov con la calidad narrativa y la habilidad en la caracterización de los personajes de Silverberg. Ambientada a finales del s. XX, la trama narra cómo la vida de la enfermera Edith Fellowes se verá profundamente alterada por la irrupción en su vida de un niño... de 40.000 años de edad. Timmie, o Rostro de Fuego Celestial, es el protagonista absoluto de la novela: un niño neanderthal que iba a ser sacrificado en su tiempo y que en el siglo XX, bajo los atentos cuidados de Edith, desarrollará unas capacidades completamente inusuales, y un emotivo vínculo afectivo con su cuidadora. Lo que como puede imaginarse origina una serie de problemas considerables en la sociedad actual, y en la que ambos autores denuncian abiertamente y con criterio la notoria falta de empatía de nuestro mundo por todo aquello que nos resulte diferente.
Silverberg exhibe su habilidad narrativa habitual, pues no sólo estructura la línea de acción principal en capítulos divididos en epígrafes numerados del mismo modo que el Asimov de los años 80, sino que inserta habilmente unos denominados intercapítulos en los cuales desvela con una vividez fascinante la época en la que el homo de neanderthal y el homo sapiens buscaban la supremacía entre las crituras de la tierra. Con detalles tales como unos nombres realmente acertados (Humo Rojo del Amanecer, Nube de Plata...). Y mediante un estilo directo y sin contemplaciones hace que las páginas se devoren con verdadera avidez.
Eso sí, debo aclarar que no se trata de una novela espectacular, que presente complicadas estructuras sociales o aventuras que afecten a toda la humanidad. Y que para aquel lector que conozca con detalle el relato de Asimov la novela puede resultar anodina por ser quizá demasiado respetuosa con el original. Pero a cambio supera con éxito muchos de los problemas habituales en la ciencia-ficción: la falta de humanidad y de calor de los personajes, la coherencia argumental a pesar de recurrir al viaje en el tiempo, la solidez... En suma, y a pesar de que para muchos críticos ambos autores estaban en el declive sus carreras cuando apareció esta novela, para mí es una obra completamente recomendable, y una colaboración inusualmente fructífera.
sábado, 19 de mayo de 2012
El mundo de Roche (1990). Robert L. Forward
Ya cuando les intenté introducir al maravilloso mundo de la literatura de ciencia-ficción a través de mi lista de 15 títulos esenciales les presenté una novela de Robert L. Forward: "Huevo del dragón". Pero dado que en mi opinión Forward fue uno de los mejores autores de ciencia-ficción hard de todos los tiempos, les presento ahora otra de sus mejores novelas. Y es que sin llegar a la excelencia de la saga de los cheela, "El mundo de Roche" es una novela estupenda sonre la primera expedición humana fuera del sistema solar, con la verosimilitud como objetivo principal y la ciencia como el medio para alcanzarla.
La elección de la relativamente cercana estrella de Barnard (una pequeña enana roja con un planeta doble co-rotatorio) permite a Forward concebir un viaje factible con los conocimientos actuales, y al mismo tiempo empezar a fascinar al lector con muchos de sus gadgets (la vela en forma de anillo de Mercurio, las lentes de transmisión...). De hecho, ya en este primer tramo de la novela se agradece su perfecta estructuración (la elección y el reclutamiento de la tripulación, su periodo de instrucción, la partida, la travesía, el aterrizaje, etc.). Y la sensación de verosimilitud es total.
Da la impresión de que el autor es consciente de que la ciencia-ficción hard corre el riesgo de descuidar a sus personajes, porque su esfuerzo en este aspecto es considerable: desde los frecuentes detalles sobre la convivencia a bordo de las naves, pasando por la reducción de los distintos grupos a los elementos estrictamente precisos para cada episodio, hasta llegar al minucioso "reparto" que se nos presenta al final a modo de apéndice. Como resultado, tanto los cabecillas (Jinjur, Gudunov) como el resto de la tripulación (Arielle, Shirley, Richard...) resultan familiares para el lector. Si bien algún personaje (en particular Red Vengeance) peca de excesiva extravagancia.
Como era de esperar, todos los aspectos científicos se presentan con la naturalidad derivada del profundo conocimiento de Forward, incidiendo una vez más en el realismo de la obra. Muchos de ellos se aprecian durante la travesía (la técnica "mixta" de obtención de combustible, la "no-muerte"), pero es al llegar a su destino cuando conquistan definitivamente al lector. Los aciertos se suceden: los efectos que genera el sistema dual Eau/Roche (días y noches minúsculos, mareas, vientos, tormentas...), la manera como los distintos protagonistas se adaptan a los mismos, la cantidad y calidad de las aventuras que se derivan de ellos, y por encima de todo, y perdón por desvelar este aspecto, las formas de vida de Roche.
Y es que los flowen están a la altura de los mejores alienígenas imaginados por la ciencia-ficción. Caracterizados a la par que designados gracias a la original yuxtaposición de tres adjetivos cuidadosamente definidos (Claro*Blanco*Silbido, Cálido*Ámbar*Resonancia...), todo en ellos es fascinante: el realismo de su modo de vida, sus objetivos como especie (a medio camino entre las matemáticas y la natación), su biología molecular, sus técnicas de reproducción...
Junto a todo esto, un ingrediente inesperado enriquece la trama: el senador Winthrop, un antagonista que está a punto de arruinar la expedición, contibuyendo así a la omnipresente verosimilitud.
No quisiera dejarme en el tintero otros aspectos positivos: los vehículos utilizados en la exploración (el Prometeo, los módulos de aterrizaje y el módulo de exploración de superficie) tan interesantes como relevantes en los acontecimientos; los muchos momentos emocionantes que refuerzan el carácter de aventuras de la novela (el sacrificio de Wang para curar a sus compañeros, el accidente de la Libélula Mágica, las primeras comunicaciones con los alienígenas, el pilotaje de Arielle para liberar a la Libélula...); el desenlace en sí (con las muertes a bordo que tanto merman la exploración, hasta la llegada de una segunda); y un utilísmo apéndice científico, por otra parte habitual en Forward.
Para concluir, un pequeño repaso de los pequeños defectos que le he encontrado: la rivalidad EEUU/URSS a la que recurre Forward en el principio, tan habitual en la ciencia-ficción norteamericana como anacrónica en estos días; los comentarios en ocasiones demasiado humanos de las distintas computadoras (James, Jack, Jill), si bien es cierto que Forward se cuida de no exagerar sus capacidades; la superflua representación a bordo del Prometeo antes de llegar a Barnard; la confusión que se puede generar en el lector con respecto al sistema de satélites en torno a Gargantúa (en general, su exploración resulta un tanto pesada); y los episodios menores que Forward relata al pcco de llegar a Roche. Defectos que en ningún caso alteran la impresión final de la novela. Altamente recomendable.
La elección de la relativamente cercana estrella de Barnard (una pequeña enana roja con un planeta doble co-rotatorio) permite a Forward concebir un viaje factible con los conocimientos actuales, y al mismo tiempo empezar a fascinar al lector con muchos de sus gadgets (la vela en forma de anillo de Mercurio, las lentes de transmisión...). De hecho, ya en este primer tramo de la novela se agradece su perfecta estructuración (la elección y el reclutamiento de la tripulación, su periodo de instrucción, la partida, la travesía, el aterrizaje, etc.). Y la sensación de verosimilitud es total.
Da la impresión de que el autor es consciente de que la ciencia-ficción hard corre el riesgo de descuidar a sus personajes, porque su esfuerzo en este aspecto es considerable: desde los frecuentes detalles sobre la convivencia a bordo de las naves, pasando por la reducción de los distintos grupos a los elementos estrictamente precisos para cada episodio, hasta llegar al minucioso "reparto" que se nos presenta al final a modo de apéndice. Como resultado, tanto los cabecillas (Jinjur, Gudunov) como el resto de la tripulación (Arielle, Shirley, Richard...) resultan familiares para el lector. Si bien algún personaje (en particular Red Vengeance) peca de excesiva extravagancia.
Como era de esperar, todos los aspectos científicos se presentan con la naturalidad derivada del profundo conocimiento de Forward, incidiendo una vez más en el realismo de la obra. Muchos de ellos se aprecian durante la travesía (la técnica "mixta" de obtención de combustible, la "no-muerte"), pero es al llegar a su destino cuando conquistan definitivamente al lector. Los aciertos se suceden: los efectos que genera el sistema dual Eau/Roche (días y noches minúsculos, mareas, vientos, tormentas...), la manera como los distintos protagonistas se adaptan a los mismos, la cantidad y calidad de las aventuras que se derivan de ellos, y por encima de todo, y perdón por desvelar este aspecto, las formas de vida de Roche.
Y es que los flowen están a la altura de los mejores alienígenas imaginados por la ciencia-ficción. Caracterizados a la par que designados gracias a la original yuxtaposición de tres adjetivos cuidadosamente definidos (Claro*Blanco*Silbido, Cálido*Ámbar*Resonancia...), todo en ellos es fascinante: el realismo de su modo de vida, sus objetivos como especie (a medio camino entre las matemáticas y la natación), su biología molecular, sus técnicas de reproducción...
Junto a todo esto, un ingrediente inesperado enriquece la trama: el senador Winthrop, un antagonista que está a punto de arruinar la expedición, contibuyendo así a la omnipresente verosimilitud.
No quisiera dejarme en el tintero otros aspectos positivos: los vehículos utilizados en la exploración (el Prometeo, los módulos de aterrizaje y el módulo de exploración de superficie) tan interesantes como relevantes en los acontecimientos; los muchos momentos emocionantes que refuerzan el carácter de aventuras de la novela (el sacrificio de Wang para curar a sus compañeros, el accidente de la Libélula Mágica, las primeras comunicaciones con los alienígenas, el pilotaje de Arielle para liberar a la Libélula...); el desenlace en sí (con las muertes a bordo que tanto merman la exploración, hasta la llegada de una segunda); y un utilísmo apéndice científico, por otra parte habitual en Forward.
Para concluir, un pequeño repaso de los pequeños defectos que le he encontrado: la rivalidad EEUU/URSS a la que recurre Forward en el principio, tan habitual en la ciencia-ficción norteamericana como anacrónica en estos días; los comentarios en ocasiones demasiado humanos de las distintas computadoras (James, Jack, Jill), si bien es cierto que Forward se cuida de no exagerar sus capacidades; la superflua representación a bordo del Prometeo antes de llegar a Barnard; la confusión que se puede generar en el lector con respecto al sistema de satélites en torno a Gargantúa (en general, su exploración resulta un tanto pesada); y los episodios menores que Forward relata al pcco de llegar a Roche. Defectos que en ningún caso alteran la impresión final de la novela. Altamente recomendable.
Homo plus (1976). Frederik Pohl
Hace unos meses y dentro de esta misma selección, incluí una novela de Frederik Pohl, "Mercaderes del espacio", escrita en colaboración con Cyril M. Kornbluth. Hoy les presento una novela escrita en exclusiva por Pohl, con lo cual no creo estar rompiendo uno de los principios que me "autoimpuse" a la hora de elaborar mi lista de personalísimamente favoritos, el de la no inclusión de dos o más títulos de un mismo autor. Me imagino que Kornbluth estaría de acuerdo con esta interpretación, si viviera y se le preguntara...
En todo caso "Homo Plus" es una gran novela. Además cuando la leí tuvo el mérito de reconciliarme con Pohl tras las decepciones que para mí supusieron "El final de la tierra" y, sobre todo, "Pórtico". Creo que, a diferencia de las anteriores, "Homo Plus" sí está a la altura de su fama.
El argumento se cimenta casi en exclusiva en la idea del proyecto denominado Homo Plus: un ser humano tecnológicamente modificado para adaptarse a las extremas condiciones de vida marcianas. Indudablemente es ésta una propuesta atractiva, original y suficientemente poderosa como para por una vez situar a toda la Humanidad "en el mismo bando". A esto se le añaden unos primeros capítulos excelentes, concisos, que nos ponen en situación rápidamente.
Es de reconocer el riesgo que acomete Pohl al introducir un sacerdote católico (Don Kayman) como uno de los pilares de un proyecto tan científico. Con él logra enriquecer la novela, pero es cierto que en ocasiones Kayman es demasiado mundano y hasta "progre".
Durante toda la novela se ponen constantemente de manifiesto los profundos conocimientos científicos de Pohl, que son aplicados en multitud de detalles: el ambiente marciano (con sus peligros para los seres humanos), los movimientos orbitales, las operaciones que le realizan a Roger y los sistemas que le implantan, la transmisión de información desde Marte a la Tierra... Otro aspecto meritorio es el esfuerzo de Pohl por mostrar la situación socio-política en distintas partes del planeta (con especial hincapié en el Nuevo País Asiático).
Como puede deducirse de mi valoración, el capítulo de los defectos es corto. Quizás el más grave lo constituyan unos personajes algo esquemáticos: deben transcurrir muchas páginas para que "cobren vida", y no siempre es fácil identificar a los principales. Otro es la proporción entre las páginas de preparativos y las páginas en Marte, mucho menos abundantes de lo que cabría esperar. No faltan algunos de los clichés habituales sobre "el Presidente de los E.E.U.U.". Además, resulta algo brusca y escueta la muerte de Willy Hartnett. Y tanto el concepto como los problemas derivados del simulacro me parecen de interés discutible.
Pese a las taras en muchos personajes que acabo de reseñar, me han agradado las complejas relaciones que se establecen en en el matrimonio Roger - Dorsie Torraway, su curiosa interrelación (amistad-odio-confianza) con Alexander Bradley, y la irrupción de la enigmática Solie Carpenter, que posibilita el feliz desenlace de la novela.
Resaltar, para terminar, el tramo final: ubicado en el planeta Marte, son unas páginas cargadas de tensión, y con la sorpresa de la revelación de la identidad del narrador. Identidad que no les voy revelar, para animarles así a leer y disfrutar hasta el final de esta estupenda novela, que con todo merecimiento recibió el Premio Nébula de 1976.
En todo caso "Homo Plus" es una gran novela. Además cuando la leí tuvo el mérito de reconciliarme con Pohl tras las decepciones que para mí supusieron "El final de la tierra" y, sobre todo, "Pórtico". Creo que, a diferencia de las anteriores, "Homo Plus" sí está a la altura de su fama.
El argumento se cimenta casi en exclusiva en la idea del proyecto denominado Homo Plus: un ser humano tecnológicamente modificado para adaptarse a las extremas condiciones de vida marcianas. Indudablemente es ésta una propuesta atractiva, original y suficientemente poderosa como para por una vez situar a toda la Humanidad "en el mismo bando". A esto se le añaden unos primeros capítulos excelentes, concisos, que nos ponen en situación rápidamente.
Es de reconocer el riesgo que acomete Pohl al introducir un sacerdote católico (Don Kayman) como uno de los pilares de un proyecto tan científico. Con él logra enriquecer la novela, pero es cierto que en ocasiones Kayman es demasiado mundano y hasta "progre".
Durante toda la novela se ponen constantemente de manifiesto los profundos conocimientos científicos de Pohl, que son aplicados en multitud de detalles: el ambiente marciano (con sus peligros para los seres humanos), los movimientos orbitales, las operaciones que le realizan a Roger y los sistemas que le implantan, la transmisión de información desde Marte a la Tierra... Otro aspecto meritorio es el esfuerzo de Pohl por mostrar la situación socio-política en distintas partes del planeta (con especial hincapié en el Nuevo País Asiático).
Como puede deducirse de mi valoración, el capítulo de los defectos es corto. Quizás el más grave lo constituyan unos personajes algo esquemáticos: deben transcurrir muchas páginas para que "cobren vida", y no siempre es fácil identificar a los principales. Otro es la proporción entre las páginas de preparativos y las páginas en Marte, mucho menos abundantes de lo que cabría esperar. No faltan algunos de los clichés habituales sobre "el Presidente de los E.E.U.U.". Además, resulta algo brusca y escueta la muerte de Willy Hartnett. Y tanto el concepto como los problemas derivados del simulacro me parecen de interés discutible.
Pese a las taras en muchos personajes que acabo de reseñar, me han agradado las complejas relaciones que se establecen en en el matrimonio Roger - Dorsie Torraway, su curiosa interrelación (amistad-odio-confianza) con Alexander Bradley, y la irrupción de la enigmática Solie Carpenter, que posibilita el feliz desenlace de la novela.
Resaltar, para terminar, el tramo final: ubicado en el planeta Marte, son unas páginas cargadas de tensión, y con la sorpresa de la revelación de la identidad del narrador. Identidad que no les voy revelar, para animarles así a leer y disfrutar hasta el final de esta estupenda novela, que con todo merecimiento recibió el Premio Nébula de 1976.
domingo, 13 de mayo de 2012
El mundo invertido. Christopher Priest (1974)
A pesar de lo que puedan pensar algunos amigos y compañeros de esta aficción tan maravillosa que es la literatura de ciencia-ficción, me gusta pensar que tengo unos gustos razonablemente eclécticos respecto a todas las tendencias y corrientes que han conformado el género en los últimos 100 años. Por eso no debería sorprender que entre mi selección de 15 títulos personalísimamente favoritos figure este clásico de la "New Wave", una corriente que abogaba por un alto grado de experimentación más allá del rigor científico, de amplio seguimiento durante la década de los 70, en especial en el Reino Unido. Y es que a mi modeo de ver "El mundo invertido" (también traducida como "Un mundo invertido") es una lograda creación de New Wave brillantemente revestida de detalles científicos.
El protagonista absoluto es Helward Mann, un joven que vive a bordo de una ciudad construida en madera que se traslada incesamente sobre sus raíles, por motivos no revelados. Movimiento que da lugar a que sus habitantes se organizen en distintos gremios, que son los encargados de velar por el transporte de la urbe (Constructores de Vías, Navegantes, Tráfico, etc.). De lo cual se deriva automáticamente el viaje iniciático en el que Priest pretende sumir al lector, muy en la línea de las obras que unos años antes había publicado Robert Silverberg al otro lado del Atlántico. De hecho, a lo largo de los capítulos asistiremos al proceso de formación de Mann, pasando por distintos gremios, lo que le confiere una visión sobre cuanto le rodea muy superior al de sus conciudadanos. Conviene, pues, dejarse llevar y no cuestionar en demasía cuanto se plantee: no saldremos defraudados.
Y es que desde el principio sorprende la meticulosidad de la narración: ese tipo de detalles, a menudo irrelevantes para la novela, pero que confieren personalidad a los protagonistas, y los accercan hábilmente al lector. Este hecho, combinado con una prosa concisa, de frases cortas, con una sintaxis sencilla y unos capítulos breves y concretos, provoca que la novela se lea con una facilidad inusitada y un interés sobredimensionado para lo que cabría esperar en un principio. A lo cual se añade que el elemento científico está consistentemente tratado, sobre todo en la propia ciudad, quizá el otro gran protagonista del libro, a la que Priest sabe sacar un gran partido a pesar de su aparente lejanía con respecto a nuestras ciudades.
Conforme avanza en la lectura el lector podrá constatar que toda la trama está muy bien urdida, que Priest mantiene el suspense revelando detalles de manera acertada y consiguiendo que la "idea" básica de la novela le acabe por convencer. Es cierto, no obstante, que cuando la "realidad" es completamente revelada, decepciona un poco, pues todo resulta ser un problema de percepción. Y además el final tampoco arroja mucha luz al asunto. Pero hasta llegar a ese punto, el lector habrá disfrutado de una novela original, atrayente y con una concisión muy de agradecer en los tiempos de morosidad narrativa que vivimos. O al menos eso espero.
El protagonista absoluto es Helward Mann, un joven que vive a bordo de una ciudad construida en madera que se traslada incesamente sobre sus raíles, por motivos no revelados. Movimiento que da lugar a que sus habitantes se organizen en distintos gremios, que son los encargados de velar por el transporte de la urbe (Constructores de Vías, Navegantes, Tráfico, etc.). De lo cual se deriva automáticamente el viaje iniciático en el que Priest pretende sumir al lector, muy en la línea de las obras que unos años antes había publicado Robert Silverberg al otro lado del Atlántico. De hecho, a lo largo de los capítulos asistiremos al proceso de formación de Mann, pasando por distintos gremios, lo que le confiere una visión sobre cuanto le rodea muy superior al de sus conciudadanos. Conviene, pues, dejarse llevar y no cuestionar en demasía cuanto se plantee: no saldremos defraudados.
Y es que desde el principio sorprende la meticulosidad de la narración: ese tipo de detalles, a menudo irrelevantes para la novela, pero que confieren personalidad a los protagonistas, y los accercan hábilmente al lector. Este hecho, combinado con una prosa concisa, de frases cortas, con una sintaxis sencilla y unos capítulos breves y concretos, provoca que la novela se lea con una facilidad inusitada y un interés sobredimensionado para lo que cabría esperar en un principio. A lo cual se añade que el elemento científico está consistentemente tratado, sobre todo en la propia ciudad, quizá el otro gran protagonista del libro, a la que Priest sabe sacar un gran partido a pesar de su aparente lejanía con respecto a nuestras ciudades.
Conforme avanza en la lectura el lector podrá constatar que toda la trama está muy bien urdida, que Priest mantiene el suspense revelando detalles de manera acertada y consiguiendo que la "idea" básica de la novela le acabe por convencer. Es cierto, no obstante, que cuando la "realidad" es completamente revelada, decepciona un poco, pues todo resulta ser un problema de percepción. Y además el final tampoco arroja mucha luz al asunto. Pero hasta llegar a ese punto, el lector habrá disfrutado de una novela original, atrayente y con una concisión muy de agradecer en los tiempos de morosidad narrativa que vivimos. O al menos eso espero.
sábado, 5 de mayo de 2012
Mundo anillo (1970). Larry Niven
Al seleccionar "Mundo anillo" abandono la elección de novelas más o menos minoritarias y recupero una obra que no figura sólo entre mis favoritas, sino entre las de otros muchos cientos de miles de lectores. Es una novela sobre cualquier aficionado podrá encontrar multitud de referencias positivas, y en mi caso particular debo confirmar que respondió completamente a las expectativas que tenía depositadas en ella: ciencia-ficción plagada de disfrutables aventuras, especulaciones de primer nivel, multitud de aspectos tecnológicos, y un buen estudio de los personajes principales. Me gusta decir que podría pasar perfectamente por una de las mejores novelas del insigne Jules Verne... si éste hubiera vivido para seguir escribiendo en la segunda mitad del s. XX.
El comienzo, centrado en la elección de los personajes con Louis Wu a la cabeza, es no obstante algo lento, y no es fácil comprender los motivos reales de la expedición al enigmático mundo con forma de anillo. Eso sí, ya permite apreciar la valía de Niven a la hora de concebir diversas especies de extraterrestres y de elaborar la radicalmente evolucionada pero coherente Tierra del s. XXIX.
Justo cuando se ha completado el primer cuarto de la novela la expedición inicia su partida hacia el Mundo Anillo y la novela aumenta tremendamente de interés. En primer lugar, por la complejidad, la originalidad y la riqueza del Mundo Anillo, posiblemente el auténtico protagonista del libro. En segundo lugar, por la interrelación de los personajes, perfectamente estudiada para comprender los acontecimientos. Y en tercer lugar, por el continuo recurso a los más ocurrentes gags, explicados con un apabullante rigor científico. En todos estos capítulos hay momentos de gran altura (el descubrimiento de Zignamuclick-click, el Castillo aéreo, la trampa de policía...) junto con otros que sin llegar a resultar anodinos están más enfocados a la reflexión.
En cuanto a los aspectos negativos, además del reseñado del comienzo, no me ha agradado el hecho de que, en una novela tan rigurosamente científica, se recurra a un concepto tan poco riguroso como la suerte de Teela Brown para justificar prácticamente todo. Y también he echado en falta algo más de vocación literaria (más recursos estilísticos, descripciones menos ambiguas, menos dramatismo) que podría haber aumentado la satisfacción del lector.
Para terminar, una breve mención del desenlace: tal vz algo precipitado y con dos nuevos personajes en los que el autor no profundiza demasiado, pero tan moralizante y positivo como cabría esperar en una novela verniana.
Y un último apunte: el éxito y la repercusión de la novela fueron tales que con el paso de los años Niven la ha ido ampliando hasta convertirla en una saga de cuatro volúmenes. Posiblemente en un futuro dedique una entrada separada a cada una de ellas, pero baste ahora anticipar que en mi opinión cada una de ellas baja un peldaño en cuanto a calidad y disfruta respecto a la primigenia. Eso sí, si realmente han disfrutado con Mundo Anillo, les resultarán novelas razonablemente entretenidas.
El comienzo, centrado en la elección de los personajes con Louis Wu a la cabeza, es no obstante algo lento, y no es fácil comprender los motivos reales de la expedición al enigmático mundo con forma de anillo. Eso sí, ya permite apreciar la valía de Niven a la hora de concebir diversas especies de extraterrestres y de elaborar la radicalmente evolucionada pero coherente Tierra del s. XXIX.
Justo cuando se ha completado el primer cuarto de la novela la expedición inicia su partida hacia el Mundo Anillo y la novela aumenta tremendamente de interés. En primer lugar, por la complejidad, la originalidad y la riqueza del Mundo Anillo, posiblemente el auténtico protagonista del libro. En segundo lugar, por la interrelación de los personajes, perfectamente estudiada para comprender los acontecimientos. Y en tercer lugar, por el continuo recurso a los más ocurrentes gags, explicados con un apabullante rigor científico. En todos estos capítulos hay momentos de gran altura (el descubrimiento de Zignamuclick-click, el Castillo aéreo, la trampa de policía...) junto con otros que sin llegar a resultar anodinos están más enfocados a la reflexión.
En cuanto a los aspectos negativos, además del reseñado del comienzo, no me ha agradado el hecho de que, en una novela tan rigurosamente científica, se recurra a un concepto tan poco riguroso como la suerte de Teela Brown para justificar prácticamente todo. Y también he echado en falta algo más de vocación literaria (más recursos estilísticos, descripciones menos ambiguas, menos dramatismo) que podría haber aumentado la satisfacción del lector.
Para terminar, una breve mención del desenlace: tal vz algo precipitado y con dos nuevos personajes en los que el autor no profundiza demasiado, pero tan moralizante y positivo como cabría esperar en una novela verniana.
Y un último apunte: el éxito y la repercusión de la novela fueron tales que con el paso de los años Niven la ha ido ampliando hasta convertirla en una saga de cuatro volúmenes. Posiblemente en un futuro dedique una entrada separada a cada una de ellas, pero baste ahora anticipar que en mi opinión cada una de ellas baja un peldaño en cuanto a calidad y disfruta respecto a la primigenia. Eso sí, si realmente han disfrutado con Mundo Anillo, les resultarán novelas razonablemente entretenidas.
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