viernes, 28 de octubre de 2011

George R.R. Martin y la ciencia-ficción: Los viajes de Tuf (1986)



Hace unas semanas uno de mis amigos-lectores me proponía dedicar una entrada relativa a George R. R. Martin. Ya he comentado en alguna ocasión que no sigo de cerca el género fantástico, pues me parece inferior conceptualmente a la ciencia-ficción aunque comparta revistas, colecciones y premios con éste, pero al parecer en los dos o tres últimos años se ha hecho muy popular en España la serie "Canción de hielo y fuego" de dicho autor (también conocida por su primera entrega, "Juego de Tronos").

Así, investigando un poco en internet, me enteré que aunque ninguna de las entregas de dicha saga ha llegado a ser premiada con un premio Hugo o un premio Nébula, dos de dichas entregas fueron finalistas del Hugo, y tres del Nébula, y que la saga comenzó en realidad hace ya 15 años, aunque sea ahora cuando ha alcanzado la popularidad en nuestro país. Es decir, que sin llegar al reconocimiento de las novelas galardonadas en dichos años por los aficionados y por los escritores que entregan dichos premios, deben de tratarse de entregas con un nivel muy superior a la mediocre fantasía que abunda en nuestras librerías.

Lo que muchos de esos lectores de "Canción de hielo y fuego" ignoran es que antes de empezar a cultivar el género fantástico, George R. R. Martin ya era un asiduo coleccionista de premios por su producción de ciencia-ficción, fundamentalmente gracias a sus relatos y relatos cortos. Por eso, puestos a seleccionar una obra representativa de su producción de ciencia-ficción, me he decantado por "Los viajes de Tuf", de 1986. Que no sólo es su obra más fácilmente accesible de dicho género para el lector en español, sino que también constituye en realidad una recopilación de novelas cortas y relatos (el punto fuerte de Martin) con un protagonista común.

En efecto, Los viajes de Tuf es un buen ejemplo de una modalidad muy típica de la ciencia-ficción: los fix-up de historias que fueron publicadas originalmente por separado, e inicialmente sin la pretensión de constituir un todo conexo. En este caso lo que une las siete historias de Tuf no es sólo su protagonista, sino también su cohesión argumental, su ambientación y su propósito, como de si de una novela escrita del tirón (si se me admite la expresión) se tratara: Haviland Tuf debutó en 1978 con un relato titulado Llamadme Moisés, que forma la sexta entrega de esta recopilación. Pero probablemente fue a partir de la obtención del premio Locus por Guardianes (1981), segunda aparación de Tuf y quizá su historia más lograda, cuando Martin concibió toda una serie de relatos coherentemente relacionados para su protagonista.

Los viajes de Tuf es, pues, un fix-up de relatos original, homogéneo, muy ameno. Con una idea de partida atrayente, que se presta a multitud de posibilidades: el extinto Cuerpo de Ingeniería Ecológica y sus formidables capacidades de recreación biológica, tanto para la guerra como para la paz, intactas en el Arca de la que se apodera Tuf en el primer relato. Éste, auténtico alter ego indisimulado de Martin, cautiva al lector por su marcada personalidad, su desapasionamiento, su apego a la exactitud del lenguaje en grado casi cómico, su filia felina, su modo de vida solitario. Ingredientes con los que se sustentan una serie de relatos bien estructurados, y en ocasiones enriquecidos con interesantes reflexiones (en especial los tres que co-protagoniza Tolly Mune).

En cuanto a los defectos, quizá al conjunto le falte algo más de profundidad, un tono más adulto (en el mejor sentido de la palabra), y una mayor carga de acción y de escenas más variadas entre sí. Inconvenientes que hacen que a esta obra no se la pueda llegar a catalogar de clásico, pero sí considerarla lo suficientemente interesante como para esperar una futura continuación que Martin no parece muy dispuesto a escribir. Una lástima, porque en Los viajes de Tuf ya se citan tangencialmente aventuras suficientes como para dar lugar al menos a otra entrega de similares dimensiones.

miércoles, 19 de octubre de 2011

A posteriori: una pequeña reflexión sobre los 15 títulos esenciales para entender el género

Quizá alguno de los hipotéticos lectores de este blog no sólo haya leído las 15 novelas que proponía en mi lista de títulos esenciales, sino que incluso haya leído las reseñas y las haya usado para cuestionarse la validez de esta lista como iniciación al género. Me permito, pues, una pequeña reflexión sobre la misma.

Debo empezar diciendo que podría haber varias listas más de esenciales: la ciencia-ficción es un género muy prolijo, que ha dado lugar a decenas (incluso algún que otro centenar) de novelas memorables. Pero dado que por algunas hay que decantarse, creo que la propuesta cubre un amplio espectro de autores, épocas, géneros y tendencias.

Debo continuar resaltando que ésta no es una lista de mis 15 novelas favoritas. Por supuesto todas las novelas seleccionadas me gustaron mucho, pero como todo lector tengo mis debilidades, mis escritores y subgéneros favoritos. Tal vez en alguna entrada posterior proponga una lista más personal, pero ésta ha sido elaborada con la intención de atrapar al mayor abanico de lectores potenciales posible.

Y debo terminar reseñando que no he rehuido a ninguno de los autores clásicos del género: empezando por Los Tres Grandes (Heinlein, Asimov y Clarke, la auténtica trilogía esencial para entender la Edad de Oro), siguiendo por los que lo han configurado en su forma actual (Silverberg, LeGuin, Herbert, que dieron al género su impulso definitivo durante la época de la New Wave), reseñando algunos autores no estadounidenses de gran calidad (Turner, Hoyle, Baxter) y no olvidando a los mejores exponentes que, en mi humilde opinión, tiene el género en la actualidad.

Un último apunte: al lector ya familiarizado con el género tal vez le haya sorprendido la ausencia de novelas entre 1988 y 2003 (nada menos que 15 años). Debo decir que aunque he leído con placer novelas de muchos de los grandes nombres de ese periodo (Nancy Kress, Connie Willis, Dan Simmons...), siempre he tenido la sensación de que andaban un escalón por debajo de los grandes nombres del género. En posteriores entradas podré revisar novelas de alguno de estos autores y ampliar esta reflexión.

domingo, 16 de octubre de 2011

#15 Spin (2005). Robert C. Wilson



Con esta novela de apenas un lustro de antigüedad concluyo mi selección de quince títulos esenciales. Spin tiene muchas de las virtudes (y también, por qué no decirlo, alguno de los defectos) de la ciencia-ficción más actual. Se enmarca, al igual que otras novelas suyas similares y sin embargo recomendables como Mysterium (1994) y Darwinia (1998), dentro de una temática muy habitual en el autor: la modificación de la realidad en una Tierra más o menos contemporánea a causa de algún fenómeno inexplicable. Spin es su incursión más lograda en este terreno, una obra voluminosa en la que Wilson hace gala de sus habilidades especulativas y narrativas.

Hay muchos aspectos que resaltar de esta novela. Empezando obviamente por el Spin que una noche fría recubre la Tierra: una idea ingeniosa y que abre la puerta a multitud de ideas y conceptos tratados siempre con rigor. No sólo los meramente científicas (si bien es cierto que este elemento está muy cuidado en todo momento), sino también las reacciones políticas, sociales y religiosas. Ideas que Wilson hace evolucionar de manera natural conforme avanzan los capítulos, dando lugar a respuestas tales como la terraformación de Marte, la denominada Cuarta edad y los replicadores de Von Neumann (capaces de fabricar, de forma autónoma, una copia de sí mismos). En suma, un despliegue apabullante con un tratamiento digno de la mejor ciencia-ficción clásica.

Además de por lo anterior, la novela gana riqueza por el recurso a dos líneas temporales diferentes que van confluyendo paulatinamente. Obviamiente lo acontecido en el siglo XXI es lo que más cautiva, pero la línea de 4x10^9 va enganchando poco a poco, lo cual no siempre ocurre cuando se utiliza este tipo de recurso. Pero aquí el hecho de que los protagonistas sean los mismos (Tyles y Diane) contribuye a su éxito, pues gradualmente el lector va comprendiendo cómo han llegado a esa situación. Es de agradecer, además, que pese a lo desbordante de las ideas y situaciones presentadas, Wilson logre mantener un número de personajes contenido.

Quizá el último gran acierto de la novela sea la sensación de credibilidad: pese al continuo "más difícil todavía" al que somete al lector, éste siempre puede aprehender primero y aceptar después lo que Wilson le va proponiendo. Incluso la propuesta final de un Arco que conecta a la Tierra con otros mundos logra parecer verosímil, de lo bien que la defiende el escritor.

En el debe, solamente dos cuestiones: la primera, que pienso que a la novela le sobran 80 o 100 páginas, una sensación por desgracia cada vez más frecuente en las novelas actuales: excesivos detalles, pasajes insustanciales, alguna situación reiterativa... Y, emparentada con la anterior, la profundización excesiva en detalles irrelevantes (cito a modo de ejemplo la homosexualidad de la madre de Diane, y su amor nunca correspondido por la madre de Tyler), bajo la convicción, a mi modo de ver equivocada, de que van a dotar a la novela de una "mayor calidad".

Un último apunte: en 2007 Wilson publicó en EEUU una continuación de Spin, titulada Axis, no tan premiada como la aquí reseñada. Aún no la he leído, con lo cual no tengo opinión al respecto. Y hace apenas unas semanas se ha editado una secuela de Axis, titulada Vortex, igualmente inédita en español. ¡Esperemos que algún editor se anime a publicarlas pronto!

sábado, 8 de octubre de 2011

#14 Evolución (2003). Stephen Baxter



Recomendar títulos que sólo tienen unos pocos años de antigüedad es siempre más arriesgado que proponer clásicos reconocidos con varias décadas, pero aun así no espero equivocarme con esta larga pero atrayente novela: Stephen Baxter nos presenta una lograda y rigurosa visión de la evolución humana en la Tierra, desde sus más remotos antepasados hasta su último y definitivo heredero.

Lo que más sorprende al lector que se enfrenta a una obra tan ambiciosa y extensa es lo bien estructurada que está: Baxter logra mantener esa ilusión permanente por averiguar qué encierran las siguientes páginas. La sensación de fascinación, tan necesaria en la ciencia-ficción, está siempre garantizada. Además, los distintos episodios que conforman la novela están hábilmente conectados, bien medienta citas o referencias, bien por el aprovechamiento en episodios posteriores de lo narrado en episodios anteriores.

Otro logro es la habilidad del autor a la hora de crear un elenco de personajes cercano (y hasta entrañable) partiendo de una serie de antepasados lejanos y recurriendo a nombres descriptivos para facilitarle la tarea de retenerlos al lector: Purga, Plesi, Cava, Guijarro, Madre... Resulta subyugante observar cómo poco a poco van aumentando su inteligencia, enriqueciendo sus sociedades, manifestando los primeros fenómenos religiosos... Tanto, que parece una tarea fácil.

Por supuesto, todo lo anterior perdería su fuerza si no estuviera respaldado por los amplios conocimientos (biológicos, geológicos, climaticos) sobre las distintas épocas de los que hace gala Baxter, presentando con el máximo rigor las últimas averiguaciones de los expertos en las distintas materias. Para ello se sirve de una prosa que mezcla sabiamente párrafos de acción con otros de carácter casi divulgativo, los cuales permiten al lector comprender los ccambios medioambientales y la adaptación a los mismos de las criaturas de la época. Pero sin descuidar el componente de aventura (travesías por el Atlántico, desembarcos...), que Baxter mantiene a gran nivel a pesar de la dificultad de trabajar con seres tan lejanos para el lector del s. XXI.

No he mencionado hasta ahora lo que realmente constituye la parte de ciencia-ficción de la novela: desde el último cuarto del s. XXI en adelante, comenzando con el cataclismo económico/medioambiental con que Baxter da por terminada la civilización actual. El cual actúa no sólo como denuncia de lo que podría ocurrir en unos pocos decenios, sino también como desenlace verosímil en el contecto de la novela. A partir de ese momento lo que nos muestra el autor no desmerece lo narrado anteriormente y mantiene en la medida de lo posible el "rigor" científico: desde los últimos post-humanos africanos en un mundo dominado por las ratas, hasta la sobrecogedora extinción de los últimos seres vivos.

En el capítulo de los defectos, principalmente dos: el primero, la existencia del algún capítulo innecesario por redundante (un mal endémico de la literatura de los últimos años, del que no escapa tampoco este género literario); y el segundo, la excesiva voluntad didáctica de algunos tramos. Dos hechos que, en una novela con tantos cambios de personajes y escenarios puede hacer brotar una ligera fatiga en el lector. Por lo demás, algún pero muy leve como la aparición de seres inverosímiles (ballenas áreas, hombres topo).

En suma, algunos de los momentos de esta obra forman ya parte de mi pequeña selección de pasajes memorables de la ciencia-ficción. Espero, amigo lector, que pronto también pasen a formar parte de los suyos.

sábado, 1 de octubre de 2011

#13 Preludio a la Fundación (1988). Isaac Asimov



Hasta ahora creo que ninguno de los títulos incluidos en mi lista de esenciales habrá sorprendido al lector habitual de ciencia-ficción, pues más o menos todos entran dentro de la categoría de clásicos. Sin embargo, soy consciente de que la inclusión de Preludio a la Fundación levantará en esta clase de lectores no pocos comentarios. Y es que la opinión generalizada acerca de esta novela, la sexta en orden de publicación de la Saga de la Fundación y la primera según los hechos que en lla se relatan es que es una obra menor, parte de la extensión de la saga que realizó Asimov en los ochenta impulsado más que nada por fines crematísticos. Evidentemente no puedo estar más en desacuerdo con tal opinión.

La trilogía inicial de la Fundación se publicó a comienzos de los cincuenta, reuniendo una serie de relatos y novelas cortas publicadas en la década anterior. Ésta es la trilogía que siempre ha recibido toda clase de parabienes por parte de público y crítica. Hasta tal punto que aunque en al menos dos ocasiones Asimov llegó a escribir que nunca la continuaría, después de 30 años cedió a las presiones de muchos millones de lectores y la continuó con Los Límites de la Fundación, agregando después tres volúmenes más hasta completar los siete que la formaron finalmente.

A pesar de que Asimov mantuvo la ambientación y el trasfondo en general, estas cuatro novelas presentan un estilo diferente de la trilogía original, y como anticipaba antes, se agrega inmediatamente la cuña "y de menor calidad". Sin embargo, para mí lo que ocurre con tal valoración es lo siguiente: la inmensa mayoría de la crítica leyó la trilogía inicial cuando solamente existía ésta, y al leer tiempo después las continuaciones, ya tenían grabada en sus mentes lo excelso de la trilogía original y por tanto formada la opinión de que nada podía superarlas.

De hecho, cuando yo iba a empezar a leer esta saga hace casi 20 años, me propuse hacerlo de esa misma manera: primero la trilogía inicial y después las adicionales. Pero justo por aquel entonces cayó en mis manos Hacia la Fundación, última novela en orden de publicación de la saga, comercializada a título póstumo en 1993, y decidí leerlas en el orden definitivo decidido por Asimov. Así pude juzgar las siete entregas en igualdad de condiciones.

Tras completar la lectura de la saga soy de la opinión de que todas ellas merecen la pena, pero contrariamente a lo establecido, me parece que la trilogía original ha envejecido relativamente mal: demasiado escueta, personajes esquemáticos, grandes saltos narrativos... De hecho, agárrense críticos ortodoxos, Fundación me parece la más floja de las siete. Y en cambio, después de haberla leído completamente en dos ocasiones (y algunos pasajes varias veces más), Preludio a la Fundación me sigue pareciendo formidable.

Después de tanta parrafada subjetiva Vd. probablemente se esté preguntando, ¿pero de qué va esta novela? ¿Y por qué la considero esencial?

En ella se narra la llegada del joven matemático Hari Seldon a Trantor, la capital del Imperio Galáctico, cuya existencia abarca los últimos 12.000 años de historia de la humanidad. Y de cómo bajo la protección de Eto Demerzel forjará la teoría de la psicohistoria, una combinación de historia, psicología y estadística matemática que permite predecir el comportamiento estadístico de poblaciones tan grandes como el propio imperio, y que Seldon utilizará para anticipar su declive y posterior caída y minimizar el periodo de oscurantismo posterior.

Y la considero esencial porque aparte de crear un marco coherente para que Seldon geste la teoría en que se basará el resto de la saga, Asimov atrapa al lector con Trantor, una ciudad-planeta que en mi opinión es uno de los lugares más fascinantes de la historia de ciencia-ficción, con un elenco de protagonistas estupendamente caracterizados (no sólo Seldon, sino su primero protectora y luego amante Dors Venabili, el pequeño pero forzosamente maduro Raych, el atormentado emperador Cleon I, y sobre todo el enigmático Eto Demerzel), con unos personajes secundarios en muchos casos inolvidables (basta recordar a Amo del Sol Catorce), y con acción, especulación, atención a muchas de las ciencias que la ciencia-ficción tiende a dejar de lado (matemáticas, psicología, sociología), y la dosis habitual de misterio que siempre le gustaba introducir al Buen Doctor.

Sus detractores dirán que la prosa de Asimov es añeja, que abusa de los diálogos, que esta novela no incluye apenas sexo ni violencia gratuita, y que está excesivamente alargada. Asimov no es que no fuera consciente de estas objeciones, es que se enorgullecía de muchas de ellas. Y lo entiendo, porque para mí el resultado es como ya he dicho formidable. Tanto que quizá sólo El fin de la eternidad, la segunda parte de Los Propios Dioses y la segunda parte de Segunda Fundación estén a la altura de este Preludio a la Fundación que les recomiendo encarecidamente.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

#12 Las torres del olvido (1987). George Turner



Las Torres del Olvido es la segunda distopía que incluyo en mi lista. Sin ser tan famosa como "Un mundo feliz", considero que es si cabe más impactante para el lector contemporáneo, a causa de su mayor cercanía temporal a la sociedad del año 2011: no sólo es una novela ominosa sobre las catástrofes que acechan al género humano más cerca de lo que pensamos, sino un auténtico tratado de la naturaleza humana en circunstancias desesperadas. Sin ningún género de dudas es la obra cumbre del escritor australiano.

Desde el comienzo sobrecoge la enorme familiaridad de lo que empieza a relatar Turner en el año 2041: superpoblación, cambio climático, una clase media cada vez más limitada, viviendas minúsculas... Mas todo ello no sostendría esta extensa obra si no fuera porque el autor exhibe su talento a la hora de mostrar las inquietudes, la evolución de sus opiniones y las vivencias de cada personaje. De hecho, estructurar una novela mediante distintos personajes que hablan a un hipotético lector es un recurso literario de gran dificultad, pero si se domina proporciona excelentes resultados.

Otro acierto de Turner es el gradual proceso de acercamiento al mundo infra, hasta que el lector alcanza a comprenderlo: pasa de ser simplemente el más lúgubre infierno en el que puede caer un ser humano, a transformarse en un entorno lleno de una peculiar manera de vivir, con sus normas, sus leyes y hasta su escondida influencia al mundo supra. Acercamiento en el que desempeña un papel esencial el acertado elenco de protagonistas: Billy Kovacs, el férreo líder con su doble vida y su rincón de humanidad, Nola Parkers, la supra que delinque para aferrarse a su condición y Allison Conway, desterrada en la sordidez de la Periferia por sus hijos para, paradójicamente, encontrar allí su felicidad.

Debo resaltar asimismo que el escritor logra que los acontecimientos fluyan de manera natural conforme avanzan los años. Así, nos muestra la defensa a ultranza de las últimas comodidades del s. XX, la supresión del dinero, la amenaza que supone el aumento del nivel del mar... Todo ello constituye un angustioso telón de fondo que añade dramatismo a la obra, dando pie además a continuas reflexiones sobre la inquietante dirección en que se encamina la sociedad actual.

No hay que reseñar graves defectos, pero aviso aquí sobre uno que puede condicionar la lectura: Turner parece hacer ver al principio que Francis va a ser el protagonista, pero conforme avanza la novela irá disminuyendo su peso, así que no se deje desorientar por este giro. Otros defectos son a mi modo de ver el excesivo espacio dedicado a la "novela dentro de la novela" escrita por Leena Wilson, el un tanto tedioso año de formación de Teddy en el campamento SIP, las en ocasiones excesivas interrelaciones de un número limitado de personajes en un marco escénico tan grande como Melbourne, y unas críticas al cristianismo en el año 3.000 que están probablemente fuera de lugar.

Para finalizar, dedicar unas últimas palabras al certero desenlace, gestado a partir de ese intento de extender la esterilidad entre los infra. Una idea brutal que no llega a desterrarse, para terminar de consolidar el desasosiego del lector. Optimistas abstenterse.

sábado, 17 de septiembre de 2011

#11 Huevo del dragón (1980). Robert L. Forward



Robert L. Forward fue un físico de primerísimo nivel, lo cual no fue obstáculo para que en el último tramo de su vida se dedicara profesionalmente a una de sus pasiones: la ciencia-ficción. Obviamente su aportación al género se encaminó a la rama conocida como ciencia-ficción hard, en la que pudo desplegar sus amplísimos conocimientos científicos. Huevo del dragón fue su primera incursión en el géneto. Una excelente muestra de todo lo que pueda dar de sí una novela de ciencia-ficción hard: un entorno fascinante, una utilización rigurosa de la física, dosis abundantes de sociología, episodios de aventura y un inesperado espejo en el que reflejar la evolución de la humanidad.

El acercamiento de una estrella de neutrones a la Tierra en el año 2020 le sirve a Forward para poner en marcha la exploración de la misma. Una aventura harto difícil de llevar a buen término a causa de las singularísimas condiciones de vida de la estrella, que Forward consigue hacer atrayente mediante la designación de un protagonista claro en cada una de las fases de la evolución de los cheela, que así se llaman los extraterrestres que viven en la estrella.

Por supuesto, el proceso evolutivo es otra de las grandes virtudes del libro: desde sus inicios en forma de clanes cazadores que compiten por su supervivencia, pasando por su establecimiento en Paraíso de Brillante, sin olvidar su evangelización, hasta llegar a su avanzada sociedad científica. Fiel reflejo de la evolución humana, consigue que la obra trascienda el ámbito de la ciencia-ficción y se adentre en terrenos filosóficos. Y con el aliciente de que la evolución cheela está catalizada en todo momento por los movimientos de aproximación de la expedición humana. Es fascinante la maestría con la que Forward encaja exploración científica y evolución religiosa, más aún teniendo en cuenta los marcos temporales tan diferentes de ambas sociedades.

Los detalles del proceso gradual de adquisición de conocimientos por parte de los cheela son excelentes: desde la numeración en base 12, pasando por el viaje del artefacto cheela a las cercanías de Matadragones, hasta el envío masivo de información a los humanos. Hitos que forman parte de un elemento científico de gran solidez (basta recordar el pasaje en el que los cheela reflexionan sobre la naturaleza de Huevo o el imprescindible apéndice técnico). Y que tiene también su reflejo en la biología y la sexualidad alienígenas.

No conviene obviar las virtudes literarias de la obra, que también las tiene: su estilo literario ameno, fácil de seguir, con pequeños guiños humorísticos y un tono optimista; pasajes realmente emocionantes, de subyugante aventura tanto en el lado cheela como en el humano; la gran cantidad de cheela que son caracterizados a lo largo de la misma (entre los más relevantes, Pétalo-Roto, Ojos-Rosados y Mata-Ligero); y que las primeras interacciones entre humanos y cheela comiencen cuando aún queda media novela por delante.

Por contra, ninguno de sus defectos es grave: la cuestionable situación política en la Tierra del s. XXI (aún dominada por la Guerra Fría); unos personajes humanos algo esquemáticos (evidenciando que al autor le importa más la exploración humana en sí que sus ejecutores); descripciones a veces un tanto imprecisas de los accidentes geológicos más relevantes; la pérdida de impacto emocional que supone tanto cambio de protagonista; y la resurreción de Mata-Ligero a partir de su metamorfosis-contrametamorfosis. Detalles menores comparados con la abundancia de aciertos ya detallada.

Un último apunte: Huevo del Dragón inauguró la que más adelante se denominó Saga de los cheela, pues un lustro más tarde Forward publicó Estrellamoto, una novela casi tan brillante como su predecesora.

domingo, 11 de septiembre de 2011

#10 Tiempo de cambios (1971). Robert Silverberg



Ninguna lista de novelas esenciales para entender la ciencia-ficción puede estar completa sin una obra de Robert Silverberg. La dificultad es escoger solamente una, entre tantas obras memorables. Para mi selección he optado por Tiempo de Cambios porque es una incuestionable demostración de todo lo que su talento puede ofrecer, pertenece a su mejor época y es una de las más premiadas.

Tiempo de cambios transcurre en un planeta, Borthan, en el que se ha establecido una cultura complementamente diferente a la occidental: una cultura en la que se ha alcanzado la paz, pero a cambio la primera persona de singular está prohibida, la intimidad no existe, y la sola mención de la palabra "yo" se considera una obscenidad. Un argumento de gran interés, y que en manos de Silverberg da lugar a multitud de análisis, de especulaciones, de puntos de vista, que el autor nos ofrece mediante el diario de Kinnall Darival, su principal protagonista.

Desde el primer momento cautiva el marco escénico creado, con su orografía, sus contrastes, su inagotable riqueza. A ello se une la habilidad literaria de Siverberg a la hora de profundizar en sus protagonistas, los cuales cautivan por su "humanidad", su credibilidad, su naturalidad a la hora de comportarse. Es tal su habilidad a este respecto que en ocasiones el lector llega incluso a plantearse si realmente llegó a conocer a los personajes a los que da vida en estas páginas.

Todo ello se logra mediante una traslación gramática brillante, sugerente, en especial para un desafío literario tan complejo como el planteado. Y ensalzado con las continuas reflexiones sobre la condición humana que Silverberg inserta con naturalidad (muchas de las cuales subrayé, fascinado). Por supuesto, tales aciertos se maximizan en la figura de Darival, quien nos ofrece un abanico muy amplio de ideas y valoraciones según su situación personal, tan complejo como el que podría extraerse de cualquier obra autobiográfica. Una riqueza que sin embargo no es obstáculo para una concisión sorprendente: al finalizar la lectura es cuando mejor se aprecia cuánto ha sido capaz de profundizar Silverberg en la individualidad y en la condición humana en general en apenas 200 páginas.

Sinceramente, creo que es muy difícil ponerle algún pero a Tiempo de cambios. Si acaso, una cierta falta de inquietud que aguijonee al lector a devorar las páginas durante la primera mitad de la novela. Y tal vez ciertas referencias demasiado obvias a épocas y lugares de la historia humana. Pero, insisto, esos detalles en ningún caso desmerecen la coherencia de la novela, las interrelaciones de personajes que la presiden y la sensación estar leyendo un clásico imperecedero. Tan logrado como disfrutable.

viernes, 9 de septiembre de 2011

#9 La mano izquierda de la oscuridad (1969). Ursula K. LeGuin


Tercer título de la lista publicado en el año 1969 (en mi opinión, la mejor cosecha de la historia de la ciencia-ficción), La mano izquierda de la oscuridad es la primera novela de las que componen mi lista escrita por una mujer, lo que se deja sentir incuestionablemente a lo largo de la lectura.

La mano izquierda de la oscuridad es una novela honda, muy bien construida sobre dos pilares inusuales: la ambisexualidad y el frío. La fisiología sexual guedeniana (el hecho de que los humanos sean asexuales la mayor parte del tiempo y puedan adoptar uno u otro sexo durante el breve periodo que dura el kémmer, explicado estupendamente por cierto en un capítulo monográfico) condiciona completamente las relaciones personales. Aunque más determinante, si cabe, resulta Invierno/Gueden, el planeta creado por LeGuin. No sólo por la contraposición entre el feudal y vitalista Karhide y el burócrata y anodino Orgoreyn, sino también porque sus condiciones climáticas extremas se reflejan con habilidad en el modo de vida de sus habitantes.

Otras dos virtudes se descubren conforme se avanza en la lectura. Por una parte, los encuentros y desencuentros de sus dos protagonistas, Genly Ai y Estraven: fascina la visión que van ofreciendo el uno del otro en cada instante, la cual desemboca en una inesperada amistad (aunque no siempre se comprenda el interés que suscita en Estraven "El enviado"). Y por otra, la base social y científica que sustenta un mundo a priori más propio del género fantástico: desde la justificación del clima del planeta hasta la propia misión de Ai en nombre del Ecumen (lograr que Gueden se una mediante esta institución al resto de la humanidad).

Otros aspectos positivos de la obra son la prosa cálida a la vez que rigurosa de LeGuin, que cambia de registro según lo requiere la acción; las abundantes reflexiones tanto sobre las vivencias puntuales de los personajes como sobre la vida en general; unos personajes secundarios bien caracterizados; unos capítulos siempre bien estructurados; y varios pasajes realmente formidables (la prisión de Ai en la granja Pulefen, el tramo final de la travesía en trineo por el Norte...).

Los defectos son escasos y de poca envergadura: religiones y cultos un tanto abstrusos y de limitada relevancia dentro de la narración (handdara, yomesh); el alto número de orgotas con intenciones dispares, lo que facilita perderse entre sus intrigas; alguna referencia innecesaria al planeta Tierra (¡¿Papá Noel?!); y la inesperada utilización al final de una prescindible comunicación telepática. Ninguno de ellos empeña, no obstante, los méritos de esta novela intemporal, un clásico imprescindible en cualquier selección del género.

miércoles, 31 de agosto de 2011

#8 Ubik (1969). Philip K. Dick



Si por casualidad Vd. no conoce a Philip K. Dick, es obligatorio empezar señalando que fue uno de los escritores con más personalidad no ya de la ciencia-ficción, sino de toda la literatura del s. XX. Una literatura compleja, que en mi opinión cumple todos los requisitos para ser considerada ciencia-ficción (ambientación en sociedades futuras o extraterrestres, presencia de avances científicos, elucubraciones sobre la evolución del género humano, fascinación por las novedades...), pero que lleva al género un paso más allá al cuestionar habilmente la realidad mediante alucinaciones, sueños, drogas y un largo etcétera.

Esta novela es el mejor exponente de ese cuestionamiento de la realidad. Su punto de partida es que los muertos pueden alargar artificialmente su existencia en una especie de semivida, en la que comparten una misma realidad. Así, cuando uno de los protagonistas (Glenn Runciter) fallece víctima de una trampa en la luna, el otro (Joe Chip) comienza progresivamente a cuestionarse quién ha fallecido realmente, y conforme la atmósfera que lo rodea se vuelve cada vez más opresiva la utilización del Ubik se erige en la única salida posible.

Desde el comienzo Dick hace gala de sus incuestionables cualidades literarias, pues a pesar de lo complicado del argumento es capaz de ponernos rápidamente en situación y de mantener nuestra atención con un acertado equilibrio entre diálogos y narración. A ello contribuye tanto la idea de comenzar cada capítulo con un enigmático anuncio de los productos Ubik, como la fisonomía surrealista, casi naif, de los personajes. Además, la especulación sobre la vida después de la muerte y las formas que tal vida podría adoptar es muy interesante.

Es cierto que cuando con el paso de los capítulos la trama se complica más y más, Dick renuncia a aclarar todos los frentes abiertos y opta por sumirnos en un maremágnum de imprevisibles consecuencias (y que aparentemente sólo él es capaz de comprender), el cual concluye con un final "a tono". Por lo cual es comprensible que haya quienes consideran excesivos los parabienes recibidos por esta novela. Mi opinión es que se trata, sin duda, de una obra delirante, pero también cautivadora, siempre y cuando el lector esté dispuesto a dejarse llevar y no a intentar comprender en su totalidad lo narrado por el escritor. Quizá me parezca más reseñable otro defecto: lo formidablemente avanzada que está la sociedad de 1992, incluso con colonias en la luna. Pero en todo caso pienso que es una lectura imprescindible, y que si es del gusto del lector le abrirá la puerta al personalísimo mundo dickiano.

lunes, 29 de agosto de 2011

#7 Matadero cinco (1969). Kurt Vonnegut



También conocida como La Cruzada de los Niños, Matadero Cinco supuso la cima creativa de Kurt Vonnegut, un escritor de ciencia-ficción que, en parte por voluntad propia y en parte por su gran calidad, consiguió superar las barreras del género, consiguiendo publicar sus obras en colecciones de literatura mainstream.

Matadero Cinco es ante todo una novela de ciencia-ficción de una originalidad sorprendente, que consigue mezclar, por increíble que parezca, cinco elementos aparentemente incompatibles: la Segunda Guerra Mundial, el viaje en el tiempo, el contacto con una especie extraterrestre, unas grandes dosis de humor y numerosas reflexiones críticas de gran calado. ¡Ahí es nada!

La justificación que determina la estructura literaria de la novela es el contacto del protagonista, Billy Pilgrim, con los habitantes de Trafalmadore, unos extraños seres de un planeta que también aparece en otras novelas de Vonnegut y cuya percepción en cuatro dimensiones hace que para ellos un evento determinado sucedió, siempre ha sucedido, y siempre sucederá, como si el tiempo fuera un libro que puede ser abierto en cualquier página y ser leído y releído. Con esta premisa, y a pesar de que está dividida en 10 capítulos, Vonnegut corta y pega con aparente aleatoriedad distintos pasajes de la vida de Pilgrim, sin relacionarlos entre ellos ni proporcionar referencias temporales. Pese a lo cual el lector en ningún momento se desorienta, lo que refleja la excepcional calidad literaria de la obra.

Lo que es más importante, la novela no se limita a provocar la risa con su ironía o su sarcasmo (baste recordar los episodios de Pilgrim en el zoológico de Trafalmadore) o a sobrecoger al lector (como durante la devastación producida por los bombardeos Aliados sobre Dresde, el episodio más violento de la Segunda Guerra Mundial hasta Hiroshima), sino que realiza un auténtico estudio psicológico del protagonista. Y siempre tiene un acerado trasfondo de crítica sobre la guerra (se escribió en plena guerra de Vietnam), la posición dominante del ser humano en la creación o la futilidad de la existencia.

Quizá los únicos defectos que se le puedan objetar sean que en ocasiones el componente científico no está del todo logrado y que la participación del propio Vonnegut en la novela era probablemente prescindible. Pero son detalles menores: sus citas, sus metáforas, sus situaciones, su humanidad, hacen que estemos ante una novela irrepetible, impactante, surrealista, y por añadidura amena.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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