sábado, 19 de mayo de 2012

El mundo de Roche (1990). Robert L. Forward

Ya cuando les intenté introducir al maravilloso mundo de la literatura de ciencia-ficción a través de mi lista de 15 títulos esenciales les presenté una novela de Robert L. Forward: "Huevo del dragón". Pero dado que en mi opinión Forward fue uno de los mejores autores de ciencia-ficción hard de todos los tiempos, les presento ahora otra de sus mejores novelas. Y es que sin llegar a la excelencia de la saga de los cheela, "El mundo de Roche" es una novela estupenda sonre la primera expedición humana fuera del sistema solar, con la verosimilitud como objetivo principal y la ciencia como el medio para alcanzarla.
La elección de la relativamente cercana estrella de Barnard (una pequeña enana roja con un planeta doble co-rotatorio) permite a Forward concebir un viaje factible con los conocimientos actuales, y al mismo tiempo empezar a fascinar al lector con muchos de sus gadgets (la vela en forma de anillo de Mercurio, las lentes de transmisión...). De hecho, ya en este primer tramo de la novela se agradece su perfecta estructuración (la elección y el reclutamiento de la tripulación, su periodo de instrucción, la partida, la travesía, el aterrizaje, etc.). Y la sensación de verosimilitud es total.
Da la impresión de que el autor es consciente de que la ciencia-ficción hard corre el riesgo de descuidar a sus personajes, porque su esfuerzo en este aspecto es considerable: desde los frecuentes detalles sobre la convivencia a bordo de las naves, pasando por la reducción de los distintos grupos a los elementos estrictamente precisos para cada episodio, hasta llegar al minucioso "reparto" que se nos presenta al final a modo de apéndice. Como resultado, tanto los cabecillas (Jinjur, Gudunov) como el resto de la tripulación (Arielle, Shirley, Richard...) resultan familiares para el lector. Si bien algún personaje (en particular Red Vengeance) peca de excesiva extravagancia.
Como era de esperar, todos los aspectos científicos se presentan con la naturalidad derivada del profundo conocimiento de Forward, incidiendo una vez más en el realismo de la obra. Muchos de ellos se aprecian durante la travesía (la técnica "mixta" de obtención de combustible, la "no-muerte"), pero es al llegar a su destino cuando conquistan definitivamente al lector. Los aciertos se suceden: los efectos que genera el sistema dual Eau/Roche (días y noches minúsculos, mareas, vientos, tormentas...), la manera como los distintos protagonistas se adaptan a los mismos, la cantidad y calidad de las aventuras que se derivan de ellos, y por encima de todo, y perdón por desvelar este aspecto, las formas de vida de Roche.
Y es que los flowen están a la altura de los mejores alienígenas imaginados por la ciencia-ficción. Caracterizados a la par que designados gracias a la original yuxtaposición de tres adjetivos cuidadosamente definidos (Claro*Blanco*Silbido, Cálido*Ámbar*Resonancia...), todo en ellos es fascinante: el realismo de su modo de vida, sus objetivos como especie (a medio camino entre las matemáticas y la natación), su biología molecular, sus técnicas de reproducción...
Junto a todo esto, un ingrediente inesperado enriquece la trama: el senador Winthrop, un antagonista que está a punto de arruinar la expedición, contibuyendo así a la omnipresente verosimilitud.
No quisiera dejarme en el tintero otros aspectos positivos: los vehículos utilizados en la exploración (el Prometeo, los módulos de aterrizaje y el módulo de exploración de superficie) tan interesantes como relevantes en los acontecimientos; los muchos momentos emocionantes que refuerzan el carácter de aventuras de la novela (el sacrificio de Wang para curar a sus compañeros, el accidente de la Libélula Mágica, las primeras comunicaciones con los alienígenas, el pilotaje de Arielle para liberar a la Libélula...); el desenlace en sí (con las muertes a bordo que tanto merman la exploración, hasta la llegada de una segunda); y un utilísmo apéndice científico, por otra parte habitual en Forward.
Para concluir, un pequeño repaso de los pequeños defectos que le he encontrado: la rivalidad EEUU/URSS a la que recurre Forward en el principio, tan habitual en la ciencia-ficción norteamericana como anacrónica en estos días; los comentarios en ocasiones demasiado humanos de las distintas computadoras (James, Jack, Jill), si bien es cierto que Forward se cuida de no exagerar sus capacidades; la superflua representación a bordo del Prometeo antes de llegar a Barnard; la confusión que se puede generar en el lector con respecto al sistema de satélites en torno a Gargantúa (en general, su exploración resulta un tanto pesada); y los episodios menores que Forward relata al pcco de llegar a Roche. Defectos que en ningún caso alteran la impresión final de la novela. Altamente recomendable.

Homo plus (1976). Frederik Pohl

Hace unos meses y dentro de esta misma selección, incluí una novela de Frederik Pohl, "Mercaderes del espacio", escrita en colaboración con Cyril M. Kornbluth. Hoy les presento una novela escrita en exclusiva por Pohl, con lo cual no creo estar rompiendo uno de los principios que me "autoimpuse" a la hora de elaborar mi lista de personalísimamente favoritos, el de la no inclusión de dos o más títulos de un mismo autor. Me imagino que Kornbluth estaría de acuerdo con esta interpretación, si viviera y se le preguntara...

En todo caso "Homo Plus" es una gran novela. Además cuando la leí tuvo el mérito de reconciliarme con Pohl tras las decepciones que para mí supusieron "El final de la tierra" y, sobre todo, "Pórtico". Creo que, a diferencia de las anteriores, "Homo Plus" sí está a la altura de su fama.

El argumento se cimenta casi en exclusiva en la idea del proyecto denominado Homo Plus: un ser humano tecnológicamente modificado para adaptarse a las extremas condiciones de vida marcianas. Indudablemente es ésta una propuesta atractiva, original y suficientemente poderosa como para por una vez situar a toda la Humanidad "en el mismo bando". A esto se le añaden unos primeros capítulos excelentes, concisos, que nos ponen en situación rápidamente.

Es de reconocer el riesgo que acomete Pohl al introducir un sacerdote católico (Don Kayman) como uno de los pilares de un proyecto tan científico. Con él logra enriquecer la novela, pero es cierto que en ocasiones Kayman es demasiado mundano y hasta "progre".

Durante toda la novela se ponen constantemente de manifiesto los profundos conocimientos científicos de Pohl, que son aplicados en multitud de detalles: el ambiente marciano (con sus peligros para los seres humanos), los movimientos orbitales, las operaciones que le realizan a Roger y los sistemas que le implantan, la transmisión de información desde Marte a la Tierra... Otro aspecto meritorio es el esfuerzo de Pohl por mostrar la situación socio-política en distintas partes del planeta (con especial hincapié en el Nuevo País Asiático).

Como puede deducirse de mi valoración, el capítulo de los defectos es corto. Quizás el más grave lo constituyan unos personajes algo esquemáticos: deben transcurrir muchas páginas para que "cobren vida", y no siempre es fácil identificar a los principales. Otro es la proporción entre las páginas de preparativos y las páginas en Marte, mucho menos abundantes de lo que cabría esperar. No faltan algunos de los clichés habituales sobre "el Presidente de los E.E.U.U.". Además, resulta algo brusca y escueta la muerte de Willy Hartnett. Y tanto el concepto como los problemas derivados del simulacro me parecen de interés discutible.

Pese a las taras en muchos personajes que acabo de reseñar, me han agradado las complejas relaciones que se establecen en en el matrimonio Roger - Dorsie Torraway, su curiosa interrelación (amistad-odio-confianza) con Alexander Bradley, y la irrupción de la enigmática Solie Carpenter, que posibilita el feliz desenlace de la novela.

Resaltar, para terminar, el tramo final: ubicado en el planeta Marte, son unas páginas cargadas de tensión, y con la sorpresa de la revelación de la identidad del narrador. Identidad que no les voy revelar, para animarles así a leer y disfrutar hasta el final de esta estupenda novela, que con todo merecimiento recibió el Premio Nébula de 1976.

domingo, 13 de mayo de 2012

El mundo invertido. Christopher Priest (1974)

A pesar de lo que puedan pensar algunos amigos y compañeros de esta aficción tan maravillosa que es la literatura de ciencia-ficción, me gusta pensar que tengo unos gustos razonablemente eclécticos respecto a todas las tendencias y corrientes que han conformado el género en los últimos 100 años. Por eso no debería sorprender que entre mi selección de 15 títulos personalísimamente favoritos figure este clásico de la "New Wave", una corriente que abogaba por un alto grado de experimentación más allá del rigor científico, de amplio seguimiento durante la década de los 70, en especial en el Reino Unido. Y es que a mi modeo de ver "El mundo invertido" (también traducida como "Un mundo invertido") es una lograda creación de New Wave brillantemente revestida de detalles científicos.

El protagonista absoluto es Helward Mann, un joven que vive a bordo de una ciudad construida en madera que se traslada incesamente sobre sus raíles, por motivos no revelados. Movimiento que da lugar a que sus habitantes se organizen en distintos gremios, que son los encargados de velar por el transporte de la urbe (Constructores de Vías, Navegantes, Tráfico, etc.). De lo cual se deriva automáticamente el viaje iniciático en el que Priest pretende sumir al lector, muy en la línea de las obras que unos años antes había publicado Robert Silverberg al otro lado del Atlántico. De hecho, a lo largo de los capítulos asistiremos al proceso de formación de Mann, pasando por distintos gremios, lo que le confiere una visión sobre cuanto le rodea muy superior al de sus conciudadanos. Conviene, pues, dejarse llevar y no cuestionar en demasía cuanto se plantee: no saldremos defraudados.

Y es que desde el principio sorprende la meticulosidad de la narración: ese tipo de detalles, a menudo irrelevantes para la novela, pero que confieren personalidad a los protagonistas, y los accercan hábilmente al lector. Este hecho, combinado con una prosa concisa, de frases cortas, con una sintaxis sencilla y unos capítulos breves y concretos, provoca que la novela se lea con una facilidad inusitada y un interés sobredimensionado para lo que cabría esperar en un principio. A lo cual se añade que el elemento científico está consistentemente tratado, sobre todo en la propia ciudad, quizá el otro gran protagonista del libro, a la que Priest sabe sacar un gran partido a pesar de su aparente lejanía con respecto a nuestras ciudades.

Conforme avanza en la lectura el lector podrá constatar que toda la trama está muy bien urdida, que Priest mantiene el suspense revelando detalles de manera acertada y consiguiendo que la "idea" básica de la novela le acabe por convencer. Es cierto, no obstante, que cuando la "realidad" es completamente revelada, decepciona un poco, pues todo resulta ser un problema de percepción. Y además el final tampoco arroja mucha luz al asunto. Pero hasta llegar a ese punto, el lector habrá disfrutado de una novela original, atrayente y con una concisión muy de agradecer en los tiempos de morosidad narrativa que vivimos. O al menos eso espero.

sábado, 5 de mayo de 2012

Mundo anillo (1970). Larry Niven

Al seleccionar "Mundo anillo" abandono la elección de novelas más o menos minoritarias y recupero una obra que no figura sólo entre mis favoritas, sino entre las de otros muchos cientos de miles de lectores. Es una novela sobre cualquier aficionado podrá encontrar multitud de referencias positivas, y en mi caso particular debo confirmar que respondió completamente a las expectativas que tenía depositadas en ella: ciencia-ficción plagada de disfrutables aventuras, especulaciones de primer nivel, multitud de aspectos tecnológicos, y un buen estudio de los personajes principales. Me gusta decir que podría pasar perfectamente por una de las mejores novelas del insigne Jules Verne... si éste hubiera vivido para seguir escribiendo en la segunda mitad del s. XX.

El comienzo, centrado en la elección de los personajes con Louis Wu a la cabeza, es no obstante algo lento, y no es fácil comprender los motivos reales de la expedición al enigmático mundo con forma de anillo. Eso sí, ya permite apreciar la valía de Niven a la hora de concebir diversas especies de extraterrestres y de elaborar la radicalmente evolucionada pero coherente Tierra del s. XXIX.

Justo cuando se ha completado el primer cuarto de la novela la expedición inicia su partida hacia el Mundo Anillo y la novela aumenta tremendamente de interés. En primer lugar, por la complejidad, la originalidad y la riqueza del Mundo Anillo, posiblemente el auténtico protagonista del libro. En segundo lugar, por la interrelación de los personajes, perfectamente estudiada para comprender los acontecimientos. Y en tercer lugar, por el continuo recurso a los más ocurrentes gags, explicados con un apabullante rigor científico. En todos estos capítulos hay momentos de gran altura (el descubrimiento de Zignamuclick-click, el Castillo aéreo, la trampa de policía...) junto con otros que sin llegar a resultar anodinos están más enfocados a la reflexión.

En cuanto a los aspectos negativos, además del reseñado del comienzo, no me ha agradado el hecho de que, en una novela tan rigurosamente científica, se recurra a un concepto tan poco riguroso como la suerte de Teela Brown para justificar prácticamente todo. Y también he echado en falta algo más de vocación literaria (más recursos estilísticos, descripciones menos ambiguas, menos dramatismo) que podría haber aumentado la satisfacción del lector.

Para terminar, una breve mención del desenlace: tal vz algo precipitado y con dos nuevos personajes en los que el autor no profundiza demasiado, pero tan moralizante y positivo como cabría esperar en una novela verniana.

Y un último apunte: el éxito y la repercusión de la novela fueron tales que con el paso de los años Niven la ha ido ampliando hasta convertirla en una saga de cuatro volúmenes. Posiblemente en un futuro dedique una entrada separada a cada una de ellas, pero baste ahora anticipar que en mi opinión cada una de ellas baja un peldaño en cuanto a calidad y disfruta respecto a la primigenia. Eso sí, si realmente han disfrutado con Mundo Anillo, les resultarán novelas razonablemente entretenidas.

jueves, 5 de abril de 2012

Las máscaras del tiempo (1968). Robert Silverberg



Seleccionando esta novela estoy profundizando en la tendencia que inicié con la reseña de Viaje alucinante: obras que ni siquiera para sus propios autores se incluyen entre sus preferidas, pero que sin embargo tienen un lugar destacado en mi lista de personalísimamente favoritos. Aunque tampoco parece una elección tan descabellada, teniendo en cuenta que "Las máscaras del tiempo" fue finalista del premio Nébula de 1968 (obtenido por "Rito de iniciación", de Alexei Panshin). De hecho, me atrevo a decir que esta novela de Silverberg no fue la ganadora no tanto por sus incuestionables méritos, sino por su contenido, demasiado irreverente y desenmascarador de la mojigatería norteamericana.

Y eso que el punto de partida es relativamente sencillo: el 31 de diciembre de 1998 atteriza en la escalinata de la Plaza de España de Roma el viajero en el tiempo Vornan-19, procedente del año 2999. A raíz de ahí, y como toda novela que trate del viaje en el tiempo, inmediatamente surgen tanto el problema de la justificación física como el del tratamiento de las paradojas. Para Silverberg, la solución de estas dificultades se encuentra en la inevitable ambigüedad: cada personaje se limita a ofrecernos "su visión de los hechos" a partir de sus conocimientos y experiencia personales, de manera que ni siquiera se aclara si Vornan realmente procedía del 2999.

Lo que interesa al escritor es lo que rodea al Viajero en el tiempo, su descomunal influencia, primero en determinados individuos, y más tarde en todo el planeta. Para resaltar esta influencia Silverberg elige un grupo de acompañantes francamente soberbio, puesto que cubre todos los aspectos posibles de la personalidad del Viajero. Así vamos conociendo no sólo sus distintos rasgos, sino las disensiones que provoca.

Debo resaltar con qué maestría se nos muestra la evolución que sufre el Viajero: conforme va interiorizando la sociedad "medieval", su personalidad se vuelve más retorcidamente egocéntrica. Hay capítulos realmente formidables (la mansión, la bolsa, el burdel), que nos muestran a un Vornan despreocupadamente mordaz: el vehículo elegido por Silverberg para criticar duramente buena parte de la sociedad del siglo XX, desde sus tabúes sexuales hasta sus problemas ecológicos. Del mismo modo, con el transcurrir de las páginas la narración abandona la sátira y potencia el dramatismo, revelando el vacío interior de los habitantes de nuestro tiempo, de manera enormemente aleccionadora.

Defectos, pocos. Quizá una sociedad excesivamente evolucionada para la época escogida (aunque con avances ingeniosos y científicamente explicados), y un comienzo un poco lento (probablemente con el afán de situar al lector).

Mencionar finalmente la sensacional referencia a todos los órdenes de la sociedad mundial del tramo final. De suerte que la lectura concluye con la sensación de que Vornan ha cambiado nuestro mundo para siempre. Sin llegar a tanto, debo decir que para mí esta novela marcó un antes y un después en mi manera de entender la ciencia-ficción, entendiendo que incluso los argumentos más genuinamente reconocibles del género podían desembocar en aguas aún sin transitar. Imprescindible.

jueves, 29 de marzo de 2012

Viaje alucinante (1966). Isaac Asimov



Posiblemente esta pueda ser la novela más controvertida de las que he reseñado hasta ahora en mi lista de 15 libros personalísimamente favoritos. El motivo no es otro que casi ningún crítico incluye esta obra entre las mejores de Isaac Asimov. Lo cual no es de extrañar, porque ni siquiera el Buen Doctor estaba totalmente satisfecho con ella, como dejó reflejado en sus "Memorias". Y es que no es una novela originalmente suya, sino una novelización a posteriori del guión que dio lugar a la película del mismo título, con guión original de Harry Kleiner, adaptado posteriormente por David Duncan.

Ahora bien, a la hora de seleccionarla he dejado al margen la consideeración sobre a quiénes debemos agradecerles esta obra: si la novela la firma Isaac Asimov, para mí es suficiente. Pues lo que realmente cuenta es el resultado: da la impresión de que la participación de tantas personas la ha magnificado hasta convertirla en una novela tan "alucinante" como su título declara.

Empezando por el argumento: Un científico soviético desertado a los Estados Unidos y especialista en la miniaturización de objetos es objeto de un intento de asesinato que lo reduce a un estado de coma. Esto motiva que por vez primera se aplique la miniaturización a seres humanos para a bordo del submarino Proteus viajar hasta su cerebro, encontrar y destruir la trombosis que amenaza con provocarle la muerte. Continuando por la elección de los personajes: un agente de la CIA, un piloto, dos científicos y una mujer, asistente de cirugía, que enriquece y aprovecha las ideas del argumento. Extendiéndose a la estructuración de los capítulos, que permite incluir de modo natural el elemento científico (y aprovechando, además, para enriquecer el marco escénico). Alcanzando a la secuencia de acontecimientos, con una acertadísima combinación de aventura y especulación. Culminando en el clímax final, resuelto con habilidad y brevedad. Y todo ello impregnado con la habituales virtudes del Buen Doctor: una prosa atrayente que dificulta la interrupción de la lectura, las elocuentes explicaciones técnicas, los espléndidos diálogos...

A mi modo de ver, escasean los defectos. Tal vez la profusión de personajes en las primeras páginas es difícil de asimilar, y algún que otro pasaje que más que una conversación requeriría una hilvanada narración.

En suma, una novela que demuestra todo lo que puede aportar la ciencia-ficción, si se trata con mesura e inteligencia una brillante idea inicial.

Y un último apunte: 21 años después Asimov publicó "Viaje alucinante II: Destino cerebro", que aunque abunda en la miniaturización no es una secuela de esta novela, sino un intento del Buen Doctor por elaborar una novela "enteramente suya" sobre el tema. Tal vez en su momento le dedique una entrada, pero por ahora baste reseñar que es sensiblemente inferior a la novela que les he presentado hoy, y no recomiendo leerla con las mismas expectativas.

domingo, 25 de marzo de 2012

Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964). Philip K. Dick K. Dick



En mi selección de 15 títulos esenciales ya incluí una novela de Philip K. Dick, uno de los escritores imprescindibles para entender el género. Se trataba de "Ubik", quizá una de sus dos o tres novelas más famosas. La que les presento hoy es también conocida, pero no suele mencionarse como uno de sus grandes clásicos. Sin embargo, en mi opinión es probablemente su novela más sólida. Por supuesto, llena de sus habituales cuestionamientos de la realidad y su obsesión por el uso de las drogas, pero al mismo tiempo comprensible, disfrutable y (hasta cierto punto) racionalmente aceptable hasta el mismo final.

Desde el comienzo me sorprendió esa coherencia: los primeros capítulos muestran que la Tierra en el siglo XXI es un lugar extremadamente cálido, regido por las Naciones Unidas y que ha colonizado todos los planetas y lunas habitables del Sistema Solar. La premisa de la que parte Dick es que la vida para muchos colonos es desalentadoramente monótona, de manera que la ONU debe imponer la colonización a los individuos. Y para que dicha colonización resulte más llevadera se les permite a los colonos el consumo de Can-Di, un alucinógeno ilegal que les permite "trasladarse" temporalmente al mundo de un personaje llamado Perky Pat. Obviamente hay lugar para las excentricidades de Dick ("precogs" que son contratados por las empresas para predecir las ventas de nuevos productos, psiquiatras en maletines portátiles...), pero los principales protagonistas (Barney Mayerson, el jefe de los precogs de Equipos P.P. en Nueva York y Leo Bulero, el CEO de Equipos P.P.), así como sus ocupaciones y sus motivaciones son razonablemente comprensibles.

Conforme avanza la lectura vemos cómo la lucha por la supremacía de Can-Di sobre la nueva droga Chew-Zi es lo que vertebra toda la trama, pero hay lugar para tratamientos de mejora cerebral (al que se somete Leo) y hasta para comparaciones con elementos religiosos.

El punto de inflexión lo marca el episodio de Leo atrapado en el satélite de Palmer Eldritch: es ahí cuando aparece claramente el cuestionamiento de la realidad y con él el componente inquietante de la trama. A partir de ese momento los acontecimientos se precipitan, en una sucesión de capas de realidad/irrealidad presentes/futuras altamente disfrutable. Para mi grata sorpresa Dick es capaz de desentrañarlas y darles una especie de justificación, muy de agradecer. Incluso es capaz de rematar la novela con un desenlace moralmente "positivo", en el que "los buenos ganan al malo", pero no sin antes explicarnos qué hay detrás de Eldritch y su supuesta "deidad". Y añadiendo unas páginas finales que podrían haber servido de base para una continuación que nunca llegó a escribir.

Indudablemente hay elementos difíciles de entender (el papel de los colonos en Marte, los episodios en los que Barney se ve e interactúa normalmente consigo mismo), o lo que es peor, de aceptar en una novela de ciencia-ficción (poltergeists, esencias no humanas bajo cuerpos de aspecto humano), mas con todo la novela no defrauda ni a los detractores del californiano. De hecho, desde este blog la recomiendo como primera lectura de todos aquellos que aún desconozcan y quieran adentrarse en el universo dickiano, por encima de "Ubik" o "El hombre en el castillo".

domingo, 18 de marzo de 2012

Estación de tránsito (1963). Clifford D. Simak



Nos encontramos ante otra de las novelas de esta lista que con seguridad forma parte de la lista de novelas personalísimamente favoritas de otros muchos aficionados al género. Premio Hugo de 1963, "Estación de tránsito" es la obra cumbre de Clifford D. Simak, un escritor estadounidense caracterizado por su ciencia-ficción humanista, ecologista, emotiva y optimista respecto al futuro de la humanidad. Valores menospreciados por algunos críticos que sin duda prefieren ignorar la dificultad de defender estos conceptos en un género tan tecnológico y especulativo como éste. Pero que la novela que les presento hoy demuestra que pueden incorporarse perfectamente al mismo.

De hecho, su protagonista absoluto es Enoch Wallace, a quien en apariencia podríamos confundir con un solitario granjero de una granja cualquiera en Wisconsin, pero que en realidad resulta ser un veterano de la guerra civil estadounidense a quien los alienígenas de una compleja civilización galáctica han otorgado el don de la inmortalidad, con el propósito de administrar una estación de tránsito para viajes interplanetarios. Wallace resulta ser durante un siglo el único ser humano que conoce la existencia de dichos alienígenas, hasta que las investigaciones del gobierno de los Estados Unidos ponen en peligro dicha estación.

Simak proporciona en esta novela una estupenda visión de la Humanidad en su conjunto, con una habilidad narrativa incontestable: pese a mostrarnos una civilización alienígena, al localizar la acción en el planeta Tierra logra no sólo un mayor realismo, sino también una mayor solidez psicológica y moral de sus personajes. Con lo cual la obra es a ratos, deliciosa; otras veces, poética; otras, detallista hasta en el elemento científico.

Quizá el único defecto en una novela tan redonda sea cierta falta de dramatismo en el tramo final y de consistencia en el desenlace, cuando llega el momento de desentrañar la ligazón entre las diferentes líneas narrativas. Pero indudablemente se trata de un libro que consigue eliminar una de las mayores dificultades de la ciencia-ficción: la superficialidad de los valores en beneficio de una mayor carga especulativa.

martes, 28 de febrero de 2012

A de Andrómeda (1962). Fred Hoyle & John Elliot



En una de las entradas previas de este mismo blog ya comenté que "La nube negra" es mi novela de ciencia-ficción favorita, y la que más parabienes ha recibido cada vez que se la he recomendado a un amigo. Por tanto no es de extrañar que entre mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos aparezca otra novela de Sir Fred Hoyle, esta vez escrita en colaboración con el productor televisivo John Ellot. Sin llegar a las excelencias de su clásico por antonomasia, "A de Andrómeda" es una excelente novela del físico británico: concisa, profunda, excitante y, más que nada, inteligente.

Bueno, en realidad debo aclarar que originalmente no fue concebida como una novela, sino como una serie de televisión emitida por la BBC en 1961. Y que aunque fue Hoyle quien concibió la idea general, la estructura de los diversos episodios y la omnipresente componente científica, fue John Elliot quien al parecer elaboró los diálogos y caracterizó los personajes. En cualquier caso, no puedo juzgar la calidad de la serie, pues por lo que tengo entendido las cintas fueron destruidas. Sí que parece ser que fue Elliot quien "novelizó" la serie mientras que ésta se estaba aún emitiendo, y que Hoyle se limitó a dar su consentimiento a la publicación del manuscrito final.

En todo caso el argumento de "A de Andrómeda" reincide en el tema del "primer contacto", que ya había tratado Hoyle en "La nube negra", pero en este caso desde un enfoque diferente: lo que en esta oportunidad detecta el grupo de científicos protagonistas no es directamente un ser alienígena inteligente, sino una señal de radio procedente de una galaxia distante que, una vez descifrada, contiene instrucciones para la construcción de un complejísimo computador. El cual, una vez construido, proporciona a su vez a los científicos instrucciones para construir al ser llamado Andrómeda.

Como este argumento ya anticipa, nos encontramos ante una novela que mantiene una atrayente sensación de "algo terrible está a punto de ocurrir" y en la que los acontecimientos suceden con naturalidad, a pesar de tratarse de un argumento rico y complejo. Es loable el esfuerzo de los escritores por mostrar tanto lo que los personajes hacen como lo que piensan, lo cual se hace claramente patente en las certeras conversaciones, a menudo con un deje afilado (con mención especial para las que mantiene John Fleming, el joven científico protagonista absoluto de la novela). El comienzo de la novela es directo, claro, y algunos capítulos tienen un desenlace tan vertiginoso que podrían pasar por el propio final de la misma. Con lo cual el disfrute está garantizado.

Otros aspectos favorables dignos de reseñar son el esfuerzo de los autores por explicar la situación política, las sorprendentes referencias científicas para una novela con medio siglo de antigüedad, el familiar "optimismo ingenuo" del inevitable Primer Ministro, la sabia dosis de elementos de suspense, el acertado trato de las relaciones de pareja entre John y Judy, e incluso el detalle de que en el original en inglés todos los capítulos comienzen con la letra "A", en consonancia con el título.

En cuanto a los defectos, cuestiones muy menores: la conocida obsesión de Hoyle por el conflicto entre científicos y gobierno, algunos acontecimientos de carácter político que no terminan de fluir con naturalidad, la no del todo explicada preocupación por la cuestión de "la defensa", y el comportamiento un tanto extraño de Fleming en los capítulos finales. Si bien eso no impide que el desenlace sea satisfactorio, bien planteado y con la habilidad suficiente como para mostrar al lector exigente el estado en el que quedan las distintas partes que confluyen en el mismo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Cántico por San Leibowitz (1959). Walter M. Miller Jr.



Independientemente de que el título "santifique" o no a Leibowitz (en España está publicado de las dos maneras), nos encontramos ante una novela de ciencia-ficción de orientación profundamente religiosa, aunque en este caso, a diferencia de la anterior reseña de Blish, localizada en nuestra querida Tierra. Escrita como respuesta postapocalíptica a una hipotética guerra nuclear que se daba por segura a mediados del siglo pasado, la novela defiende el papel de las instituciones católicas como refugio de la cultura y el saber humanos: la orden de Leibowitz es una congregación cuyo propósito es reunir y rescatar los textos del saber que desaparecieron víctima de la violencia que acompañó al desaster original. Un panorama original y fuertemente atrayente.

La novela está estructurada en tres partes separadas en el tiempo, y esa estructuración, aunque constituye uno de los puntos fuertes de la novela, es también la causa de que el resultado sea "solamente brillante": la primera (Fiat Homo) es sencillamente excepcional, y la tercera (Fiat Voluntas Tua) raya prácticamente al mismo nivel. Sin embargo, en mi humilde opinión la segunda (Fiat Lux) es apreciablemente inferior, tanto en calidad como en disfrute. Intentaré exponer los motivos.

Virtudes comunes a la novela en su conjunto son el estupendo conocimiento y la correcta aplicación que hace Miller de los ritos cristianos: desde la curiosa manera de pronunciar sus votos, pasando por la santificación de Leibowitz, hasta el incuestionable dominio del latín; unos personajes de hondo calado (el hermano Francis en la primera parte y Zerchi en la tercera); la naturalidad con la que distintos personajes expresan su punto de vista; la sorprendente atención prestada al elemento científico (especialmente en la segunda parte, donde se narran unas sugerentes investigaciones); la maestría a la hora de escoger la palabra adecuada en cada momento; algunos pasajes realmente impactantes, como el viaje a Nueva Roma; la abundancia de capítulos de gran nivel (especialmente los primeros de la tercera parte y los últimos de la tercera); y en general la coherencia con la que se presentan las expectativas de vida de la época.

Como ya he anticipado, la mayoría de los defectos se concentran en la segunda parte: empezando por cierta lentitud en los primeros capítulos, siguiendo por una cantidad a veces excesiva de reflexiones y terminando por una situación en la que los movimientos de las distintas fuerzas no están muy claras: da la impresión de que el conflicto bélico es esencialmente una excusa para las reflexiones. De la tercera parte, lamentar también un exceso de elementos fantásticos. Y de la primera, pues prácticamente nada: hasta su desenlace es agradablemente inesperado.

En definitiva, todo un clásico del género, a contracorriente desde el mismo momento de su publicación, y sin embargo certero a la hora de tratar con seriedad temas tan controvertidos como la eutanasia, a la que dedica las páginas finales.

Una última nota: a título póstumo se publicó una novela relacionada con Cántico: "San Leibowitz y la mujer caballo salvaje". Dado que se ambienta en la misma época que la inferior segunda parte ya reseñada, hasta la fecha no me he animado a leerla. Pero es posible que pronto lo haga, así que tal vez le dedique una reseña en los próximos meses.

viernes, 27 de enero de 2012

Un caso de conciencia (1958). James Blish



James Blish es uno de los autores de la época dorada de la ciencia-ficción menos conocidos en España. Y su novela "Un caso de conciencia", premio Hugo de 1959, su novela más representativa. Una novela cuya calidad es, a mi modo de ver, superior a su capacidad de atrapar al lector. Aunque paradójicamente es una obra que vuelve periódicamente a la memoria años después de haberla leído, por su sentido de la trascendentalidad y por el papel que otorga a la religiosidad en la condición humana.

Se trata de una novela correctamente estructurada en dos partes, de las cuales la primera es una auténtica maravilla. De hecho, el primer capítulo de la misma es prácticamente perfecto: el autor logra poner al lector en situación (se precisa la época, el lugar de desarrollo, los personajes, la problemática y el tono general de la narración). Así, nos enteramos de que en el año 2049 un contingente humano de 4 exploradores liderado por el padre Ruiz-Sanchez (biólogo y religioso jesuita) está sopesando la posibilidad de establecer una base en el planeta Litina, un planeta escasamente tecnificado que se encuentra habitado por unos extraterrestres que carecen de fe, sentido del pecado y creencia en la vida después de la muerte. Como vemos, el campo para las especulaciones de gran calado está listo.

Y efectivamente, a lo largo del Libro Primero (originalmente publicado años antes como una novela corta) se ponen de manifiesto casi todas las virtudes esperadas. En primer lugar, la certera elección de los 4 exploradores, cuyas ocupaciones y personalidades, divergentes sin llegar a ser opuestas, dan lugar a acontecimientos y reflexiones de gran interés. En segundo lugar, los Litinos, poderosamente atrayentes por su perfección biológica y su complejo proceso evolutivo. En tercer lugar, el profundo conocimiento de Blish sobre numerosas corrientes religiosas y filosóficas ( el cual constituye sin duda uno de los pilares de la novela) y al que se opone sabiamente el pragmatismo y el afán de poder. En cuarto lugar, el inteligente uso de la ciencia tanto a la hora de crear un planeta con una Naturaleza coherente como en el propio desarollo de la trama (especialmente la química, la fisiología y la biología). Otros logros que también pueden aplicarse a la segunda parte son la introducción de diversas referencias históricas "reales" y el estilo, conciso sin dejar de ser cálido. Únicamente puede reprochársele a esta primera parte la gran complejidad y longitud de algunos capítulos (derivada de su tremenda carga especulativa), las cuales exigen un esfuerzo extra del lector.

El Libro Segundo gira en torno a la figura de Egtverchi, el litino nacido en la Tierra tras el retorno de la expedición. En esta segunda parte, aun sin perderse la mayoría de las virtudes reseñadas, su relevancia queda diluida por la aparición de ciertos defectos: formalmente, la excesiva longitud de determinadas frases y capítulos; narrativamente, una situación en la Tierra que pese a estar correctamente explicada no se dimensiona con la suficiente profundidad para que el lector llegue a aprehender toda la problemática que se relata; y literariamente, cierta precipitación en los acontecimientos y en el desenlace. A cambio, es de reseñar la meritoria prospección que hace el autor de la trascendencia de los medios de comunicación (que aún no tenían hace más de medio siglo). Estos defectos hacen que el disfrute de esta segunda parte sea inferior al de la primera.

El libro se cierra con un espléndido apéndice en el que se completan todos los detalles científicos de la novela. Y que confirma que estamos ante una obra especial, pensada para lectores que buscan algo más que entretenimiento y totalmente alejada de la idea de ciencia-ficción como pasatiempo intrascendente que tan arraigada está en ámbitos como el cine o los videojuegos.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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