Una entrada más continúo con mi segundo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector en español que aún no hubieran aparecido por este humilde blog. Como ya saben mis seguidores, mis últimas entradas han estado dedicadas a la saga "Luna Helada", del escritor alemán Brandon Q. Morris. Una saga cuya publicación terminó en la presente década, por lo cual apenas hay reseñas disponibles sobre ella. Pero que es, a mi modo de ver, una de las mejores en lo que llevamos de siglo. Y precisamente la novela que hoy reseño es la que la cierra; se trata de "La Catástrofe de Júpiter", de elocuente título, y que no sólo pone colofón a todo lo narrado en las cuatro entregas anteriores, sino que sirve también de puente para las siguientes obras del escritor. Y encima lo hace con un argumento original, que se aleja lo suficiente de lo previsible para una "obra de cierre".
Y es que al situar la historia veintisiete años después de la cuarta entrega ("Regreso a Encélado"), e introducir a un protagonista completamente nuevo (Arthur Eigenbrod), Morris se sale del patrón ya establecido por las cuatro novelas precedentes. Tanto, que durante la estancia de Arthur en la estación orbital Blue, y sus posteriores investigaciones periodísticas ya de regreso a la Tierra, el lector puede llegar a dudar de que la novela efectivamente pertenezca a la serie. Pero cuando, transcurrido aproximadamente el primer sexto del libro, la capitana Amy Michaels empieza a narrarle a Arthur lo que le sucedió a su tripulación durante el segundo regreso desde Encélado, esa duda desaparece. Y queda sustituida por el reconocimiento a la habilidad de Morris para encajar pasado y presente de la historia desde ese punto hasta el final, con una fluidez incontestable.
El resultado de este planteamiento es una novela que aún mantiene su condición de relato de aventuras espaciales con preeminencia del elemento científico, pero que la combina con una novela de misterio motivado por lo que les haya podido suceder desde entonces al Marchenko virtualizado y a Dimitri Sol, el hijo de Amy. Con las dosis necesarias de suspense, y el aliciente adicional de nuevas ambientaciones, como Ishinomaki en Japón o la estación orbital, además del interesante retorno a la singular sede del consorcio empresarial RB, aún regentada por el ya conocido magnate Shostakovich, en la taiga rusa. Y con el acierto final de situar el término de la historia en el punto de partida para posteriores novelas del autor, como lo atestigua la curiosa inclusión a modo de epílogo de unas páginas de "El Ascenso de Próxima".
Virtudes adicionales a las ya comentadas son: la profundización en los rasgos y comportamientos humanos de las Inteligencias Artificiales más avanzadas (y que están detrás de la propia catástrofe); sorpresas como el lugar en el que Arthur termina encontrando a Dimitri Sol, así como la motivación para ello; el agradable y a la vez humano reencuentro con varios de los protagonistas de la saga, ya en el tramo final de sus vidas; capítulos de especial interés como la salida extravehicular del ILSE para intentar detener la caída a Júpiter, o la huida furtiva de Akademgorodok que protagoniza Arthur; y el no por esperado menos jugoso apéndice científico sobre Júpiter, algunos de sus satélites más importantes, y las sondas que lo han ido explorando para la humanidad.
No es ésta una novela de defectos graves, pero sí hay varios detalles mejorables. El más evidente es la justificación para el acercamiento extremo del ILSE a Júpiter, un tanto débil. Tampoco convence el comportamiento desapasionadamente tozudo de Valentina Shostakovich, incluso cuando menos viene a cuento. En los capítulos centrales de la novela la gestión del tiempo que le resta a la tripulación antes de que la catástrofe sea inevitable no es muy acertada, y no queda claro cuándo alcanzan el punto de no retorno. Además, la forma como salen de ella es excesivamente natural, sin apenas dramatismo asociado, como le suele ocurrir al escritor alemán. Por otra parte, no es complicado detectar algún que otro anacronimos en una historia que teóricamente transcurre a finales del siglo XXI. Y por desgracia en esta entrega final vuelven a aflorar frecuentes errores de traducción.
No obstante, el balance final de esta última entrega es netamente positivo. No sólo como cierre de la saga y al mismo tiempo apertura de nuevas obras, sino por sí misma, por su contenido y su equilibrio, refrendado por un desenlace impecablemente coherente con el resto de la saga, y que ata todos los cabos... salvo los que conscientememte dejae abiertos Morris para poder confirmar en futuras novelas su palbable crecimiento como escritor. Cinco novelas recomendables desde la primera a la última.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
domingo, 15 de febrero de 2026
sábado, 31 de enero de 2026
"Regreso a Encélado" (2021). Brandon Q. Morris
Una nueva entrada prosigo con mi recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector en español que aún no habían aparecido, o no en su totalidad, por este blog. Nos adentramos ya en la presente década, que fue cuando se publicó en nuestro idioma "Regreso a Encélado", la cuarta entrega de la saga "Luna Helada", del escritor alemán Brandon Q. Morris. Una saga que he venido reseñando en entradas anteriores, y que es relativamente desconocida para el lector en español, en parte por lo reciente de su publicación, y en parte por no proceder del mundo anglosajón. Aunque, como ya he escrito antes, se trata de una de las más interesantes de los últimos tiempos. Un calificativo aplicable también a "Regreso a Encélado", aunque en mi opinión se trata de la novela menos destacada de la serie. Eso sí, recomiendo su lectura porque mantiene el interés por ver qué encierra en realidad el intento por recuperar el cuerpo de Dmitri Marchenko, así como por su expansión a otros ámbitos no visitados hasta ahora, caso de las iniciativas privadas o de la ingeniería genética.
El regreso a un escenario ya conocido priva a la novela de buena parte del factor sorpresa, el cual había sido uno de los puntos fuertes de la saga desde su inicio. Conocedor de este inconveniente, Morris intenta compensarlo con varias novedades originales. Entre las que destaca sobre todo la introducción de un nuevo personaje, la rusa Valentina Shostakovitch, que formará parte de la nueva expedición como condición impuesta por su padre, el magnate impulsor de la misma. Un cambio en la financiación de la travesía que le permitirá al autor especular sobre la bondad real y las verdaderas intenciones del multimillonario, lo que ayudará a mantener la intriga hasta el final. Con el acierto adicional de que esas dudas se trasladarán automáticamente a su hija, y Morris juega con ellas e indirectamente con el lector, que a lo largo de la lectura pasa por diversos posicionamientos al respecto de la rusa, probablemente nunca acertados del todo.
Otro recurso del escritor para que la novela no parezca una mera revisitación de su primera entrega es la ingeniería genética, que obviamente a mediados del siglo XXI debería estar aún bastante más avanzada que en la actualidad (y más en manos de compañías privadas sin necesidad de publicar sus avances como la de Shostakovitch). Los capítulos dedicados a este asunto en las instalaciones de la taiga rusa son atrayentes y bastante alejados de lo que el autor alemán nos suele ofrecer, y la manera como retoma este asunto al final, de lo más verosímil del desenlace. A menor escala, el tercer elemento que confiere singularidad a la historia es la interceptación y posterior recuperación y puesta en marcha del ILSE, con especial protagonismo para las inteligencias artificiales (en capítulos dotados, además, de una fuerte y sugestiva carga especulativa).
Pero a pesar de la puesta en marcha de estos recursos, y el aderezo de algunos comportamientos poco previsibles de algunos de sus protagonistas, la sensación de que la novela está menos justificada que sus tres predecesoras no termina de desaparecer en toda la lectura. A ello contribuye el supuesto motivo esgrimido por Shostakovitch para la expedición (la instalación de una láser como parte de una red que teóricamente permitiría al multimillonario impulsar naves espaciales más allá del Sistema Solar, una idea original pero endeble). También el hecho de que la mayoría de miembros de la expedición original se animen a repetir travesía solamente para recuperar el cuerpo de Marchenko, en lo que se antoja una lealtad excesiva pese al esfuerzo de Morris por mostrar los conflictos internos que experimentan antes de tomar esa resolución. Y especialmente que durante el largo viaje de ida a Encélado el lector se encuentre con lo que parecen algunos capítulos de relleno (los primeros en toda la serie).
Otros defectos que justifican que mi valoración final fuera inferior a la de sus antecesoras son los capítulos dedicados al Ser de Encélado, que pese a su brevedad y a su estructuración como una plantilla que se repite en todos ellos no termina de calar en el lector; la reiteración de sueños y pesadillas experimentados por Martin, un tanto chocantes en una novela de rigurosa ciencia-ficción dura; el apéndice final, que obviamente Morris no puede dedicar de nuevo a Encélado, por lo cual lo usa para disertar sobre el Cinturón de Asteroides, sólo tangencialmente presentes en el libro (aunque como siempre se trata de páginas interesantes); un desenlace apresurado y con situaciones no bien gestionadas (como la presencia de Francesca en situaciones diferentes y supuestamente simultáneas); y algunos errores de traducción.
No obstante lo anterior, el balance final de "Regreso a Encélado" sigue siendo favorable: el elemnto científico vuelve a rayar a gran altura (con especial foco en esta oportunidad en la informática, además de en la aeronáutica), en el tramo final reaparecen las aventuras trepidantes y las soluciones ingeniosas para los problemas surgidos, y la solución final que da Morris al retorno a la vida de Marchenko y a lo obtenido por Valentina a cambio de la expedición se aleja de lo que el lector espera, y mejora la impresión final de la novela.
El regreso a un escenario ya conocido priva a la novela de buena parte del factor sorpresa, el cual había sido uno de los puntos fuertes de la saga desde su inicio. Conocedor de este inconveniente, Morris intenta compensarlo con varias novedades originales. Entre las que destaca sobre todo la introducción de un nuevo personaje, la rusa Valentina Shostakovitch, que formará parte de la nueva expedición como condición impuesta por su padre, el magnate impulsor de la misma. Un cambio en la financiación de la travesía que le permitirá al autor especular sobre la bondad real y las verdaderas intenciones del multimillonario, lo que ayudará a mantener la intriga hasta el final. Con el acierto adicional de que esas dudas se trasladarán automáticamente a su hija, y Morris juega con ellas e indirectamente con el lector, que a lo largo de la lectura pasa por diversos posicionamientos al respecto de la rusa, probablemente nunca acertados del todo.
Otro recurso del escritor para que la novela no parezca una mera revisitación de su primera entrega es la ingeniería genética, que obviamente a mediados del siglo XXI debería estar aún bastante más avanzada que en la actualidad (y más en manos de compañías privadas sin necesidad de publicar sus avances como la de Shostakovitch). Los capítulos dedicados a este asunto en las instalaciones de la taiga rusa son atrayentes y bastante alejados de lo que el autor alemán nos suele ofrecer, y la manera como retoma este asunto al final, de lo más verosímil del desenlace. A menor escala, el tercer elemento que confiere singularidad a la historia es la interceptación y posterior recuperación y puesta en marcha del ILSE, con especial protagonismo para las inteligencias artificiales (en capítulos dotados, además, de una fuerte y sugestiva carga especulativa).
Pero a pesar de la puesta en marcha de estos recursos, y el aderezo de algunos comportamientos poco previsibles de algunos de sus protagonistas, la sensación de que la novela está menos justificada que sus tres predecesoras no termina de desaparecer en toda la lectura. A ello contribuye el supuesto motivo esgrimido por Shostakovitch para la expedición (la instalación de una láser como parte de una red que teóricamente permitiría al multimillonario impulsar naves espaciales más allá del Sistema Solar, una idea original pero endeble). También el hecho de que la mayoría de miembros de la expedición original se animen a repetir travesía solamente para recuperar el cuerpo de Marchenko, en lo que se antoja una lealtad excesiva pese al esfuerzo de Morris por mostrar los conflictos internos que experimentan antes de tomar esa resolución. Y especialmente que durante el largo viaje de ida a Encélado el lector se encuentre con lo que parecen algunos capítulos de relleno (los primeros en toda la serie).
Otros defectos que justifican que mi valoración final fuera inferior a la de sus antecesoras son los capítulos dedicados al Ser de Encélado, que pese a su brevedad y a su estructuración como una plantilla que se repite en todos ellos no termina de calar en el lector; la reiteración de sueños y pesadillas experimentados por Martin, un tanto chocantes en una novela de rigurosa ciencia-ficción dura; el apéndice final, que obviamente Morris no puede dedicar de nuevo a Encélado, por lo cual lo usa para disertar sobre el Cinturón de Asteroides, sólo tangencialmente presentes en el libro (aunque como siempre se trata de páginas interesantes); un desenlace apresurado y con situaciones no bien gestionadas (como la presencia de Francesca en situaciones diferentes y supuestamente simultáneas); y algunos errores de traducción.
No obstante lo anterior, el balance final de "Regreso a Encélado" sigue siendo favorable: el elemnto científico vuelve a rayar a gran altura (con especial foco en esta oportunidad en la informática, además de en la aeronáutica), en el tramo final reaparecen las aventuras trepidantes y las soluciones ingeniosas para los problemas surgidos, y la solución final que da Morris al retorno a la vida de Marchenko y a lo obtenido por Valentina a cambio de la expedición se aleja de lo que el lector espera, y mejora la impresión final de la novela.
domingo, 18 de enero de 2026
"Encuentro en Ío" (2019). Brandon Q. Morris
Con la entrada que hoy les traigo prosigo mi segundo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Sigo reseñando las novelas de la saga "Luna Helada", de Brandon Q. Morris (pseudónimo del escritor alemán Matthias Matting). Una de las mejores sagas de los últimos años, y tan reciente que aún cuesta encontrar reseñas sobre ella. Hoy le toca el turno a la tercera entrega de las cinco que la conforman, "Encuentro en Ío". Publicada originalmente casi al mismo tiempo que sus dos predecesoras, lo que seguramente indica que al menos estas tres obras fueron escritas del tirón por el alemán, no sólo mantiene el nivel que a estas alturas se le presupone a la saga, sino que supera a su predecesora "La Sonda Titán", gracias a una mayor riqueza argumental y la ampliación de escenarios en los que transcurre.
Tras terminar la lectura de "Encuentro en Ío" es probable que el lector sienta que Morris ha ido creciendo conforme se adentraba en su serie. Y ello es bueno, porque el alemán lo logra sin traicionar la vocación de ciencia-ficción dura de toda la saga, y en general de toda su producción. Porque además de las aventuras tecnológicas en los fascinantes satélites de Júpiter y Saturno que llegados a este punto el lector espera, Morris nos propone una trama más original, con nuevos ingredientes que incluyen conspiraciones a nivel internacional, maniobras de los bajos fondos que se ocultan tras la diplomacia, manipulación consciente de la información, e incluso una persistente componente de suspense. Pero lo hace manteniendo una saludable continuidad estilística y tecnológica con sus dos antecesoras, pues la novela justo arranca tras los hechos narrados al final de "La Sonda Titán", por lo que no se aprecia disrupción alguna.
Es por ello que el lector se encontrará asistiendo, por ejemplo, a los juegos de poder y contrapoder en el Partido Comunista chino, determinantes a lo largo de toda la trama. O a la utilización de los medios de comunicación más influyentes para alterar el curso de los acontecimientos. De suerte que, aunque la novela mantiene a su más que conocido sexteto protagonista, se ve enriquecida por secundarios que le otorgan una mayor amplitud de miras. Incluso la prosa de Morris cambia de registro cuando nos ofrece capítulos novedosos como los dedicados a las supuestas noticias publicadas en dichos medios. Pero todo ello sin que la historia se le vaya al autor de las manos; al contrario, las diversas líneas narrativas están más equilibradas que en su predecesora, no obligan al lector a un esfuerzo consciente de retentiva, y resultan atrayentes casi por igual, puesto que los sucesos en Ío, a bordo del ILSE, y en diversas partes de la Tierra están enlazados de manera coherente y fluida.
Por supuesto, en esta tercera novela el elemento científico sigue estando especialmente cuidado, y ello provoca que, una vez más, los protagonistas encuentren algunas soluciones tremendamente originales para, en primer lugar, poder descender a Ío (integrando para ello el CELSS en el módulo de aterrizaje), y en segundo, conseguir comunicarse desde allí (mediante un volcán reconvertido en antena). Al mismo nivel raya todo lo relativo a la informática y la inteliengecia artificial, incluido el enrevesado y, sin embargo, efectivo reinicio completo con el que la tripulación retoma finalmente el control del ILSE. Y en general, es digna de elogio la habilidad de los distintos miembros de la tripulación para comprender cuanto van observando en su campo de especialidad, y a la vez hallar soluciones para las más amenazadoras situaciones.
En una novela tan pulida cuesta encontrar defectos, pero alguno hay. El más evidente es común a toda la saga: Morris sigue desaprovechando buena parte de los momentos de mayor tensión que tiene a mano (si bien he de aclarar que el nivel de emoción a lo largo de la misma es caso siempre alto), pues o no es capaz de identificarlos, o no se atreve a explotarlos, y a menudo se limita a citarlos a posteriori. Otro aspecto mejorable sigue siendo la relación de las tres parejas afectivas formadas desde la primera entrega, que aún peca de cierto infantilismo, aunque se aprecia el esfuerzo del escritor en esta entrega por conferirles madurez presentando algunas momentos más íntimos de cada una de las tres. A menor escala, es un hecho que la acción tarda más de lo esperado en arrancar, puesto que la primera de las dos partes del libro, "Preparación", ocupa casi la mitad de su extensión. También debo citar que la transformación de Jiaying a bordo podría haber estado mejor capturada, aunque luego el escritor sí profundiza en sus dudas y angustias. E inesperadamente, se aprecian más errores de traducción que en las dos entregas anteriores.
El desenlace, plagado de peligros y giros de guion, y muy ameno a pesar de cierta premura y de la ya comentada escasez de dramatismo; el novedoso cliffhanger, que prepara el terreno para la cuarta entrega de la saga; y el jugoso apéndice sobre Ío, que completa lo relativamente poco de interés que este satélite puede ofrecer para la especie humana (a pesar de la habilidad de Morris para hacernos creer lo contrario durante la novela), son tres aciertos más que confirman que nos encontramos ante una excelente novela de ciencia-ficción, de lo mejor que ofrece el género en estos últimos años. Por lo que les emplazo a la reseña de la cuarta entrega de la saga, que reseñaré en breve.
Tras terminar la lectura de "Encuentro en Ío" es probable que el lector sienta que Morris ha ido creciendo conforme se adentraba en su serie. Y ello es bueno, porque el alemán lo logra sin traicionar la vocación de ciencia-ficción dura de toda la saga, y en general de toda su producción. Porque además de las aventuras tecnológicas en los fascinantes satélites de Júpiter y Saturno que llegados a este punto el lector espera, Morris nos propone una trama más original, con nuevos ingredientes que incluyen conspiraciones a nivel internacional, maniobras de los bajos fondos que se ocultan tras la diplomacia, manipulación consciente de la información, e incluso una persistente componente de suspense. Pero lo hace manteniendo una saludable continuidad estilística y tecnológica con sus dos antecesoras, pues la novela justo arranca tras los hechos narrados al final de "La Sonda Titán", por lo que no se aprecia disrupción alguna.
Es por ello que el lector se encontrará asistiendo, por ejemplo, a los juegos de poder y contrapoder en el Partido Comunista chino, determinantes a lo largo de toda la trama. O a la utilización de los medios de comunicación más influyentes para alterar el curso de los acontecimientos. De suerte que, aunque la novela mantiene a su más que conocido sexteto protagonista, se ve enriquecida por secundarios que le otorgan una mayor amplitud de miras. Incluso la prosa de Morris cambia de registro cuando nos ofrece capítulos novedosos como los dedicados a las supuestas noticias publicadas en dichos medios. Pero todo ello sin que la historia se le vaya al autor de las manos; al contrario, las diversas líneas narrativas están más equilibradas que en su predecesora, no obligan al lector a un esfuerzo consciente de retentiva, y resultan atrayentes casi por igual, puesto que los sucesos en Ío, a bordo del ILSE, y en diversas partes de la Tierra están enlazados de manera coherente y fluida.
Por supuesto, en esta tercera novela el elemento científico sigue estando especialmente cuidado, y ello provoca que, una vez más, los protagonistas encuentren algunas soluciones tremendamente originales para, en primer lugar, poder descender a Ío (integrando para ello el CELSS en el módulo de aterrizaje), y en segundo, conseguir comunicarse desde allí (mediante un volcán reconvertido en antena). Al mismo nivel raya todo lo relativo a la informática y la inteliengecia artificial, incluido el enrevesado y, sin embargo, efectivo reinicio completo con el que la tripulación retoma finalmente el control del ILSE. Y en general, es digna de elogio la habilidad de los distintos miembros de la tripulación para comprender cuanto van observando en su campo de especialidad, y a la vez hallar soluciones para las más amenazadoras situaciones.
En una novela tan pulida cuesta encontrar defectos, pero alguno hay. El más evidente es común a toda la saga: Morris sigue desaprovechando buena parte de los momentos de mayor tensión que tiene a mano (si bien he de aclarar que el nivel de emoción a lo largo de la misma es caso siempre alto), pues o no es capaz de identificarlos, o no se atreve a explotarlos, y a menudo se limita a citarlos a posteriori. Otro aspecto mejorable sigue siendo la relación de las tres parejas afectivas formadas desde la primera entrega, que aún peca de cierto infantilismo, aunque se aprecia el esfuerzo del escritor en esta entrega por conferirles madurez presentando algunas momentos más íntimos de cada una de las tres. A menor escala, es un hecho que la acción tarda más de lo esperado en arrancar, puesto que la primera de las dos partes del libro, "Preparación", ocupa casi la mitad de su extensión. También debo citar que la transformación de Jiaying a bordo podría haber estado mejor capturada, aunque luego el escritor sí profundiza en sus dudas y angustias. E inesperadamente, se aprecian más errores de traducción que en las dos entregas anteriores.
El desenlace, plagado de peligros y giros de guion, y muy ameno a pesar de cierta premura y de la ya comentada escasez de dramatismo; el novedoso cliffhanger, que prepara el terreno para la cuarta entrega de la saga; y el jugoso apéndice sobre Ío, que completa lo relativamente poco de interés que este satélite puede ofrecer para la especie humana (a pesar de la habilidad de Morris para hacernos creer lo contrario durante la novela), son tres aciertos más que confirman que nos encontramos ante una excelente novela de ciencia-ficción, de lo mejor que ofrece el género en estos últimos años. Por lo que les emplazo a la reseña de la cuarta entrega de la saga, que reseñaré en breve.
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"La Catástrofe de Júpiter" (2021). Brandon Q. Morris
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